viernes, 5 de septiembre de 2008

Tipos de costa II

Acantilado a playa de cantos


El proceso de erosión fue dejando esos promontorios de mineral más consistente que siguen una línea muy clara. En esas playas podemos ver sierras con una orientación que debemos respetar en nuestros lanzados para disponer los aparejos paralelamente a las mismas.


Las playas de cantos y grava, muy frecuentes, guardan estructuras bastante similares: una caída desde el acantilado en pendiente que sostiene al pie acumulaciones de estas piedras redondeadas por la erosión y que son la materia prima de la que se nutren los arenales de mineral.

Las “bolas” cuarcíticas se forman con el paso de lustros y de la acción perseverante de las mareas y marejadas. Toman ese redondeado aspecto al rodar por la pendiente. El cuarzo se encuentra estratificado entre la veta “madre”, cuya composición más representativa es la pizarra y la caliza. La acción erosiva desgasta este sustrato que va desgranándose hasta convertirse en arena. Las bolas más grandes se encuentran en la zona alta; a medida que vamos bajando hasta la zona de mareas, va mermando el volumen de los minerales, hasta una arena fina que cubre las primeras sierras emergentes (sólo visible durante el reflujo), incluso un limo que se acumula debajo de grandes piedras ( observable y palpable en bajamar) y en el que también entran a formar parte materiales provenientes de la descomposición de las algas arrojadas por las corrientes.

Entre las sierras fijas surgen piscinas acanaladas intermedias que soportan una rica y variada fauna y flora marina, si bien su disposición y amplitud puede variar de unas temporadas a otras.

Las bahías mixtas, caracterizadas por la transición de una zona de piedras a otra de guijarros también son comunes, incluso se localizan ensenadas en que de los cantos se van degradando hasta finalizar en un arenal.

Es imposible conocer exactamente lo que en cada caso nos espera. Ni siquiera el lugareño más avezado podría determinar una predicción exacta sobre los cambios.

El ambiente determinado por los acantilados sufre mutaciones según varios patrones: puede ser un cortante directo consolidado de mayor o menor altura con una base en plataforma que, en ocasiones y sólo en fase de sicigias, queda expuesta, y otras veces veremos que la mar no abandona nunca.

Es también fundamental analizar con éxito las formas en bajamar, lo que nos permitirá apreciar las diferentes alturas, entradas y salidas de agua, los posibles pasos de peces y los mejores lugares para nuestros lances.



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