viernes, 12 de septiembre de 2008

Tiposde costa IV (último)

Islotes y peñascos (ESQUEMA 5)


La costa está plagada de ellos: desde un afloramiento que aparece y se esfuma cada ciclo de doce horas, hasta un islote de notables dimensiones; desde un farallón altivo donde el cormorán hace vigilia, hasta una isla de entidad geográfica. Nos familiarizaremos con los islotes de medias dimensiones y con los peñascos, formaciones a las que será posible encaramarse en ocasiones, pues suelen mantener cierta riqueza piscícola. Todos ellos se encontraban durante la segunda glaciación unidos a tierra. La postrera descongelación, a la cual siguió el continuo retroceso debido a los agentes de la erosión, dejaron aislados, pero relativamente cercanos a la orilla, estos parajes.



Interior rías (ESQUEMA 6):


Este sistema se comprueba especialmente en aquellas costas con perfil acantilado, terrenos en los que sólo la presencia de lechos generados merced a la erosión efectuada por tímidas corrientes fluviales, logra romper con la monotonía. Esa acción reiterada fue dando lugar a través de los siglos a estuarios y rías, que se convierten en la fuente originaria de las playas que vemos en muchas partes del litoral.

El interior está dominado por el sustrato blando. Con toda seguridad habrá un río, de mayor o menor envergadura, que es el centro regulador (con la entrada y salida cíclica de agua) de la vida en estos ecosistemas. Áreas pobladas de carrizos de ribera (“Phragmites australis” y otros), dan paso a juncales extensos que asientan sobre el limo y la arena cenagosa, generando un lecho vivo. Ahí se esconden especies anátidas (el común ánade real “Anas pplatyrhynchos”) y limícolas (chorlitejos “Charadius spp”, zarapitos (“Numenius spp”), entre otros volátiles. Los pozos, dejados por la secuencia de marea, alojan alimentos para estos animales así como estupendos cebos (camarones “Crangon crangon”, y más abajo multitud de gusanos políquetos y moluscos bivalvos).

En la parte cercana a la desembocadura, los sedimentos aportados por el inmisario son de vital importancia para la génesis de los arenales adyacentes. Merece atención especial al fenómeno que sucede en la cornisa cantábrica: la corriente general se dirige de oeste a este a una velocidad media de 1 metro por segundo, es la responsable de que las playas se forme en el margen oriental de los estuarios; y cuanto mayor es el volumen del cauce, más vasta será la extensión de los arenales.

Instalaciones portuarias y diques exteriores (ESQUEMA 7):

Lo que antaño fueron parajes naturales, ya antes de la llegada de los fenicios se habilitaron como puertos. En la actualidad, instalaciones de toda índole, desde el artesanal puerto pesquero hasta el coloso e inabordable macropuerto comercial, han contribuido, en su respectiva medida, a una modificación artificial de la geografía costera; ahora estamos en condiciones de confirmar un quebranto que, de ser efectuado por la propia acción de la naturaleza, requeriría siglos de impacto.

No obstante, los peces han sabido –¡qué remedio!- acoplarse a este suma y sigue de alteraciones: los ríos, aunque han sido encauzados (y a veces cambiando el propio curso ancestral) siguen recibiendo la visita de múltiples especies piscícolas de interés deportivo; los malecones de protección se pueblan de organismos que sirven de base alimenticia a una población de peces, desde sargos a lubinas, sin dejar de mencionar congrios, maragotas y un largo etcétera; en el interior de los recintos portuarios, las actividades de la flota pesquera dejan un rastro de desperdicios que llaman poderosamente la atención, y también sirven de refugio y ecosistema a incontables bandas de alevines, de los que se aprovechan depredadores como las lubinas.

La dinámica que resulta está claramente influenciada por los impedimentos a la acción de las mareas y oleaje. Los muros de contención presentan a un lado la zona batida, con sus propias peculiaridades ( fijación de moluscos y cirrípedos) y alteraciones evidentes; al otro, el área tranquila, al abrigo del impacto marino, donde una variada fauna halla refugio. Ambas direcciones son adecuadas para la pesca, desde el lance con cebos al exterior (aligotes, lubinas, sargos...) a la tranquila técnica cuyo objetivo se centra en chucletos, mújoles, lábridos y fanecas, entre otras especies de interés, del lado interno.

Dentro del recinto portuario (siempre que no esté muy contaminado), el ecosistema se reproduce a parir de organismos primarios, siguiendo con alevines de variadas especies (aligotes, jureles, sargos, bogas...) hasta llegar a contar con visitas entrantes de abadejos y lubinas (al son de las mareas), peces –estos últimos- que incluso pueden decantarse por el puerto como residencia habitual. Entre los bloques de hormigón, congrios que se han adaptado a un menú diario y a un refugio a toda prueba.

En definitiva, un sistema vivo y en continuo recambio que pone a prueba la adaptabilidad.

Todo este marco debemos conocerlo. Dicho esto, quién de nosotros no ha tenido su primer contacto con el medio marino en los aledaños del puerto. La escuela de pesca, desde las primeras nociones. Vosotros, jóvenes lectores, espero que gocéis tanto como yo de este fascinante mundo.


Corolario


Todos estos procesos dinámicos deberemos tenerlos en cuenta, aunque es evidente que algunos pasarán desapercibidos, dada la dimensión temporal que los engendra; otros, aunque gozan de cierta periodicidad (como los depósitos de arena o de algas, que tanto influyen en el comportamiento de los peces), son de imposible vaticinio; otros, por último, sí son conocidos, como es el caso de las mareas.

Por consiguiente, debemos aprovecharnos de ello para constatar, personalmente y sobre la base de la experiencia previa, las especiales condiciones presentes en cada momento, y siempre antes de acometer una partida de pesca.

La verdad es que resulta hasta cierto punto sencillo escribir estas líneas, pero el verdadero aficionado sabe que”el camino se hace al andar”. Aquellos que felizmente se inicien en este apasionante mundo, pueden encontrar algún apoyo en las recomendaciones que aquí ofrezco. Las incontables horas buscando los mejores lugares, la conjunción y mimetismo que se acaba desarrollando con el medio, acaban por imponerse de forma sutil. Luego, al final el tiempo pasa, y no te puedes desprender de ello.

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