sábado, 2 de mayo de 2009

Seguiremos, pese a todo.

La pesca se muestra así, cómo no, como incombustible pasión. Atañe al más profundo espíritu agonístico; pervierte y apesadumbra, a veces...pero alienta la férrea personalidad, aquella que llega a desactivar las luces rojas que surgen en la materia gris.

Cómo si no seguimos, cuando varios robalos se han ido, por motivos varios. Queda la instantánea, la retrospectiva teñida de sal, en un marco incomparable. Y pensar que el malfario se alejará y que cuenta encadenar varias capturas, con la ilusión de acariciar un prodigioso animal salido de la espuma.

Es la esencia del pescador. Y tanto sacrificio supera la desazón de esos majestuosos peces que libraron los anzuelos, con la incertidumbre del "dónde estará ahora"; mas con la certeza que ahí seguira, envuelto en su tumultuoso paraíso... ¿por cuánto tiempo...?

Y se endulza con capturas de calidad, que restañan heridas, en tan perenne cruzada...allá, en el abismo al mar. Y mantendremos un código de honor, empleando técnicas deportivas, dejando ese margen para la competencia leal con el pez, dueño y señor de su terreno.


Roballo, te quiero, te deseo con trémula pasíon adolescente. Y pido por mi salud y la de mis colegas...dame años, corazón y músculo.



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