sábado, 31 de julio de 2010

Varivas VEP-F

He probado el shock leader especial VEP-F (el sistema VEP consigue dotar de mayor resistencia al nailon de poliamida) sea bass de Varivas. Como ya había usado el shock leader de 30 lb, me apetecía comparar ambos productos.

Adelanto que la impresión acerca del nuevo leader es muy buena, y tal sensación viene avalada por algunas pruebas realizadas.







Sabed que estos exámenes son digamos que “caseros”. Me limito a tres pruebas teniendo en cuenta los aspectos que me parecen más importantes como buen leader para la lubina, a saber: resistencia a tensión y nudo y resistencia a abrasión.

Control sección: usando un calibre apropiado compruebo la exactitud de las mediciones de la marca. Sin duda varivas no engaña ni una centésima. El shock VEP otorga 47/100 de espesor y el shock (que viene calibrado en un 0.48mm) es fiel a lo declarado.

Resistencia tracción y nudo. Un tramo de 80 cm. Un nudo “uni” con 4 vueltas. Uso un dinamómetro convencional con rango máximo de 11 kilogramos:

Shock VEP sea bass: rompe justo al tensar a 11kg
Shock “normal”: rompe sistemáticamente en los 10 kilogramos (aproximado)

Resistencia abrasión. Utilizo un ladrillo de construcción, una superficie muy hiriente y que podemos equiparar a la piedra más afilada. Tensiono con tirones sobre la superficie, no muy intensos, pues quiero ver desgaste. Aplico similar tensión en ambos:

Shock VEP Sea Bass: se deshilacha lentamente y rompe a los 16-20 roces.
Shock “normal”: rompe a los 13-14.




Un control perfecto del diámetro. Ambos vienen testados para 30 libras. Pero he realizado test mediante nudo y el sea bass es más resistente, sin paliativos. Y demuestra bastante más resistencia a la abrasión.


Así que, al menos según se deduce de este humilde estudio, acepto por buena la publicidad de la marca en el sentido de haber conseguido un producto dotado de mejores características.



Real Head 13 & Gaina 123

El Real Head 13 aligera mucho el tan compacto aspecto del w13 S-Four (32 frente a 24 gramos). F-Tec consigue un diseño efectivo en este plug, dotándolo de una acción wide W&R incluso a muy baja velocidad.



Más allá de lo sugestivo que puede ser su aspecto, con ese peculiar dibujo facial, estamos ante un minnow de acción shallow, potente y muy capaz.





El gaina 123 está gozando, al parecer, de gran éxito en Japón. El diseño es bonito y la acción, que es lo que nos preocupa, resume un W&R tight-medium a cualquier cadencia de recuperación.
Pertenece a la serie genesis de TIEMCO










jueves, 29 de julio de 2010

W &R Lures

Al minnow de 14 cm le he incorporado un labio más potente, capaz de capturar más agua y permitir una profundidad y resistencia mayor , así como mejor wobbling

Estos son los 4 modelos que he diseñado:
(de izquierda a derecha)
-Minnow 14cm slim con dos tipos de babero
- Top water de 10 cm
- Minnow potente lip less 14 cm
- Minnow slim de 18 cm con dos pesos y dos tipos de babero.



Incorporando una tira de papel holográfico y luego la purpurina se consigue este acabado




Pintura del minnow non lip











EL top water lo he perfilado de otra manera, montando en tabla de madera de balsa de 10 mm de espesor. Con ello busco darle más forma redonda, para que se estabilice.

El esqueleto lo sigo manteniendo en cable acero 0.8mm. Es poco espesor, lo sé, pero me asegura una maleabilidad y no entorpece el montaje y cierre efectivo.

Las bolitas sirven a modo de rattlin metálico.




Le doy la capa de laca tapaporos (barniz nitrocelulósico) y tras 24 hhoras de secado, pinto con spray acrílico.

Ahora sólo le doy una capa y dejo secar 24-48 horas ( depende del color de esta marca, ya que varían el tiempo, no sé porqué)

Luego , como ya vimos, una capa de barniz marino exterior y a las dos horas de secado decoro con la purpurina.

El papel holográfico es mejor pegarlo sobre la pintura seca, antes del primer barnizado externo. Luego lo podemos combinar con la purpurina dando acabados bonitos

lunes, 26 de julio de 2010

W&R LUres, nuevo modelo

En este ejercicio, quiero conseguir un plug grande y compacto. Será un non lip, cuyo babero será un bisel en la parte anterior. Inspirado en minnows desprovistos de babero propiamente dicho ( tipo "hammer" de Miracle works y similares) y espero que con una acción shallow. Todo el balance está pensado para ofrecer máxima carga en tercio delantero y así favorcer la acción Wobbling.

Todo son expectativas hasta la prueba, que aún tardará unos días.

Como veis, el proceso sigue siendo el habitual. En este caso el STM va provisto de dos bolas de acero de 9mm. El túnel es curvo y el engarce del primer anzuelo será adelantado. Irá con unos anzuelos tipo ST 56 nº 1.

El labio va originado en corte en bisel , pero tendrá cierta forma cóncava ( excavado), para intentar dar una mejor acción.

Veremos qué pasa.






domingo, 25 de julio de 2010

Shimano rarenium CI4 4000 FA, con horas de uso.

Creo que ya era hora de entregar una opinión más consolidada acerca de este carrete. Siempre, al principio, cumple una visión siquiera un poco escéptica, pese a las buenas referencias que puedan haber respecto a un material en concreto. En este caso ya advertía una adecuada base de partida, para un modelo de carrete que, si bien no es tan conocido como sus primos de la serie FC, sí que ejercía cierto poder de atracción sobre el aficionado observador.



Cuando lo adquirí, la perspectiva que alentó su compra y prueba fue determinada por la especificación acerca del peso global. 260 gramos para un modelo 4000 era algo que no había visto nunca antes. Prometía el nuevo concepto de un cuerpo gestado en un nuevo material, liviano y resistente.


El resto de parámetros, pues en la media de un carrete de estas características , englobado en la última generación de tecnología Shimano: Bobina AR-C, Super Stopper II, Aero wrap II, 6 rodamientos A-RB...enfin, lo último en despliegue de la marca nipona.


Pero, ¿cómo se comportaría con el uso diario en las exigentes condiciones a que suelo someter los materiales de pesca ?


vemos unas fotos y los comentarios correspondientes.

Tiempo de uso: más de 3 meses, unas 45 jornadas -15/mes-, unas 130 horas- unas 3 horas por sesión-...pongamos unos 4000 lances/recuperaciones- unos 30/hora- , y una 240.000 giros de manivela - media 60/lance- , con lo que la bobina habrá girado mas de 1 millón de veces ( 4.8 -ratio-)... ¡uffff!

Mantenimiento: mínimo. No soy un excelente supervisor de los materiales. Suelo ser descuidado. No obsante, ha sido lavado periódicamente y aceitado una vez.

Interior de bobina en perfecto estado.


La bobina AR-C mantiene buen estado en la zona interna donde están los limpiadores y los cilindros del freno. El sistema funciona de manera óptima con un modulado regular hasta máxima potencia y una escala progresiva y casi perfecta.

El sistema de guiado ha sido rediseñado de acuerdo con los nuevos parámetros de las series FC. Los defectos de las anteriores FB, tan perniciosos, parecen haber pasado a mejor vida. No ha dado problema alguno. Gira de forma perfecta, no se ha obstruído incluso con cierto descuido por mi parte. Así que este punto, tan polémico en anteriores versiones de la colección Shimano, parece haber sido superado con éxito.

Los ajustes del eje de la manivela son perfectos. No hay- por ahora- descuelgue alguno. El cierre mediante tornillo sinfin es ejemplar. El puerto de lubricación es con tornillo de material plástico. Como no es necesario abrir nada más que en contadas ocasiones no dará problemas.
La carcasa de protección es de plástico, resistente y de agradable diseño. La tornillería es de calidad. A este respecto, no recuerdo haber tenido que ajustar ningun tornillo hata la fecha.


Mantiene cierta estanqueidad, pese a los sucesivos baños de agua salada. Aprieta muy bien, sin holguras. Un acierto pleno introducir el sistema de tornillo en esta categoría de carretes.






El eje no va reforzado con rodamiento. Una pena, pues en modelos que lo llevan ( mi antiguo TP 5000FB) asegura mejor la bobina. En el rarenium hay una ligerísima oscilación de la misma, incluso con el freno cerrado a tope. Quizá sea un punto que pudo haber sido más reforzado.


El sistema pick-up funciona de maravilla. Cierra bien, el muelle es potente,no se engancha en los lances y no salta nunca.

la bobina es aligerada y las estampaciones ya sufren cierta escoriación.

La tapa del brazo principal de la cazoleta se ha desgastado, pero los tornillos son de calidad.




Buena imagen que da idea de cómo está la bobina AR-C. EL labio de salida presenta alguna escoriación, por algún golpe. Este perfil de diseño me gusta y demuestra mayor capacidad que los sistemas anteriores. Es mejor no cargar en exceso dejando el labio superior libre, pues no hay pérdida significativa de distancia y prevendremos los ovillos.


La tuerca que protege el hueco del eje de la manivela es segura y cierra de forma adecuada.


El pomo presenta un diseño ligero, ergonómico y hasta bonito. No ha presentado rpioblema alguno.

Un carrete excelente , cargado de virtudes y al que el tiempo de uso -hasta el momento- no ha producido efectos negativos a reseñar. Al que sólo le faltaría quizá un ratio algo mayor, un refuerzo en eje donde asienta la bobina y poco más.
Ligero, potente y seguro, para nuestra jornadas inacabables de spinnig Ligero y Medio-en pos de la reina del atlántico.

martes, 20 de julio de 2010

Alguna con soft

No son grandes, pero con este mar de fondo asociado a una borrasca ( ya van varias, y en julio, bastante extraño), parece que desean acercarse a la costa.

Muchas algas siguen interrumpiendo el buen discurrir de nuestros señuelos.

Era zona muy batida, y usé equipo pesado, con chivos de 40 a 75 gramos. Pero entraron mejor a shad pesados. Estos soft van de maravillla, incluso con fuerte marejada, con tal que los hagamos funcionar lentamente hasta la orilla. Las clavadas son muy buenas pues suelen tragar el apetitoso y blando señuelo.

la mejor dio unas 6,7 libras y 68 cm.




video

lunes, 19 de julio de 2010

la lubina en el espejo...


Adjunto texto del artículo publicado en el especial TODO LUBINAS de Feder PESCAMAR.








La lubina: un tenue reflejo en su mirada…

PRIMERO

Lo que sabemos

Bullía, como especie, 500 generaciones atrás.

Cabe pensar que tras la última glaciación ya ocupaba un nicho ecológico como eslabón definitivo en la cadena trófica, en un ecosistema completo. Es de recibo colegir que la distribución irradiaba en amplio abanico, difundiendo la presencia por amplios sectores de la costa europea. Por supuesto que era prevalente en el mar Mediterráneo, donde seguro que asentaba su población desde la noche de los tiempos. Atenerse de forma escrupulosa a los parámetros Darwinistas, permite deducir que la historia evolutiva, de paso tan lento como contumaz, indicaría que mucho antes, más allá de las seis cifras, aparecería en el espejo dotada de un semblante muy parejo al que vemos en la actualidad.

En pleno paleolítico superior, una etapa en que se adivina ya el advenimiento de una especie capaz de un dominio global, concentra, eso sí, a través de una singladura de miles de años, una expansión de los métodos y tecnologías más primitivas, transformadas en utillajes y sistemas de producción cuyo futuro impacto aún no era posible ni imaginar. Aparecen signos tan evidentes, marcados por la creación de útiles que desempeñaban un papel fundamental en el aprovisionamiento, por parte de estos hombres de hace más de 8000 años, de peces. Una proyección certera arroja una costa europea jalonada de tímidas comunidades de hombres pescadores, cuyos recuerdos han servido para conocer la vida de tan alejados antepasados.

A la sazón, resulta probable que fuera bien conocida por estos pobladores, que a buen seguro sabían de su espíritu: ora conspicuo, impredecible y de mundanos gustos; otrora altivo, enérgico, cazador, marcado por la algarabía.


Bebió de todas las fuentes de conocimiento de la época. Hasta Plinio, en la primera centuria, encontró motivos para no omitir la mención, tanto en sus estudio de historia natural, que se pueden considerar como científicos de acuerdo a una clara vinculación a la herencia presocrática y helénica, como en otros, más prosaicos, tal cual compendiar la aceptación del pez en la gastronomía romana. Las lubinas ascendían por la rivera del Tíber, antaño poblado; y mostraban una vez más su variabilidad, con momentos de enérgica e irreflexiva compostura junto a otros, más circunspectos, vagos, carroñeros...En definitiva, a la mar lo que a la tierra era -y es- el lobo: oportunista, capaz de vivir en múltiples espacios naturales sometidos a diferenciales en gradientes (como temperatura y salinidad); de adaptarse a un espectro alimenticio sumamente diverso, y nutrirse de todo ser orgánico con capacidad para colmar las necesidades de energía de un glorioso depredador.



Permaneció escondida en los textos, mas seguro que presente en las mesas. Un periodo largo, demasiado abrupto y en el que toda la sabiduría reposaba en los monasterios, lúgubres recintos vestidos de granito y mampostería, que incubaron y dieron sostén a todo un salto cósmico que no se vio alterado hasta el renacimiento.


Es seguro que hacía su normal discurrir a lo largo y ancho de las límpidas aguas de Europa septentrional, cuenca mediterránea y norte de África. Y es de recibo que nadaba en poblaciones enormes, de acuerdo con las posibilidades de alimentación y con la escasa presión pesquera que se le supone a esta época. Las mallas, largadas desde frágiles chalupas, harían alguna mella en grupos reducidos, y tal vez cabe forzar la imaginación para iluminar la idea de algún pescador que ya empleaba vara de avellano y de caña, línea de cáñamo y anzuelos de hierro y acero moderno. Unos pelos, un anzuelo y plomo, elementos que la ingeniería del siglo XVI estaba muy en condiciones de aportar; y es bien seguro que fue utilizada en estos menesteres.

Discurría con plenitud, en cardúmenes inagotables, acechando a innumerables conglomerados de sardina, de boquerón, de caballa…


Lo llaman el Siglo de las Luces. Y bien debió ser, pues el XVIII marca un antes y un después en el concepto que hoy entendemos como “civilización” (al menos desde el punto de vista occidental). En todos los campos, desde la astronomía hasta la mecánica; desde la ingeniería hidráulica hasta la botánica…un rosario de ociosos vástagos de la nobleza pretérita y de la incipiente burguesía, ahondaron de tal forma en el conocimiento que la herencia -quizá envenenada- de hoy y de generaciones futuras a ellos se la debemos.

Linneo era Sueco, gentilicio que por sí sólo ya adelanta tópicas connotaciones, como rectitud y constancia. En él debían ser virtudes, cómo sino se explica el llegar construir un Sistema taxonómico que sirve para que un japonés y un español sepan hoy de qué animal se traga cuando decimos “Dicentrarchus labrax”. Lo incluyó entre un grupo bastante heterogéneo. Baste decir que sobrepasa cualquier pronóstico el “parecido” entre un Mero y un pez “tres colas”. Pero bueno, Linneo era así, y al fin y al cabo son serránidos, de boca ancha y proceder extraño. Y lo alejó, cabalmente, del espectro de otros depredadores de la costa, como palometones y anjovas. Así quedó marcado, con nombre y apellidos, de forma definitiva, aunque otros estudiosos de la materia también aportaron calificativos más o menos extravagantes.

No vale la pena entrar en este árido terreno. Seguro que le da igual y en el 1780 estoy por apostar que era abundante hasta lo insospechado. No había barcos a motor, la pesca admitía poco más que barcazas y traineras. La vida era durísima y las redes que se interponía entre dos cabos quizá no estaban al día siguiente.


De esos lodos… se inventó el motor, y se botaron nuevos barcos, y la capacidad se multiplicó hasta el absurdo. El nylon, cuya invención ya se pierde en la memoria de las postrimerías de la gran Guerra, primera mitad del pasado siglo pasado. ¡Menuda revolución! Redes finas, ligeras. Se podrían extender kilómetros. Y a fe que le hemos puesto empeño. Si hace 10.000 años contribuimos a exterminar los mamuts, cómo se nos iba a escapar la oportunidad de explotar todos los tesoros que el mar brindaba a nuestra disposición, eso sí sin medida ni concierto.

Llegamos al día de hoy 15 de febrero de 2010. ¡Caray, qué testarudas son! sigue habiendo, y no se agotan, parecen aferrarse a su mundo. Seguro que sus genes mantienen un calco de aquellas lejanas tatarabuelas que pululaban en la España cavernaria… y razono que la selección natural ha hecho menos que la emprendida, con cruel desatino y a destajo, por nosotros. Me place, al respecto, idealizar la imagen de que todo lo que han aprendido se trasmita a generaciones venideras.

Campos como la biología molecular dedican departamentos al estudio de los peces. La moderna acuicultura supone no pocos intereses económicos. Ya se dominaban técnicas de cultivo en la China de hace 3000 años y en la roma clásica. Pero ahora se busca conocer el genoma y completar el estudio profundo de las particularidades referentes al crecimiento, desarrollo genital y esfera reproductiva, habiéndose descubierto los ciclos integrales hace ya bastantes lustros. De ello ha degenerado una serie de problemas que no presentaban los especimenes salvajes, caso de enfermedades sistémicas y patologías de todo tipo.

Nos vanagloriamos de albergar profusos conocimientos. Con sinceridad, ¿conocemos a la lubina?...y me preguntaría también, sin entrar en cábalas de tipo esotérico: ¿nos conoce a nosotros, los humanos…? ¿Qué puede pensar? O, mejor, ¿cómo podemos interpretar la impronta que dejamos, por culpa de nuestras actividades invasoras, en este ser que respira mediante agallas?


SEGUNDO

Soy una lubina

Con esfuerzo imaginativo tal vez fuese posible llegar a una abstracción que nos permita saber qué impresión (por primitiva que ésta fuera) recae sobre los peces acerca de nosotros, bípedos humanos. Haciendo partícipe, de una forma más específica, a nuestra “reina de la espuma”: ¿seríamos capaces de dar un paso en este sentido? Es decir, sin llegar a cábalas esotéricas ni a devaneos dignos de psicoanálisis, cavilar en profundidad en torno a los parámetros que mueven a este pez, intentando ver, trasmutarse en un ejemplar de “Dicentrarchus”…y no me llaméis inconsciente, aun a sabiendas que puede parecer una pretensión ciertamente “desnaturalizada”, rallando con los límites de la cordura. Pero quizá sea éste el estado que nos otorgue una capacidad para atisbar aquellas costumbres que no hemos sabido descifrar con el empleo de los métodos deductivos basados en el estudio natural realizado bajo las fórmulas instauradas por la ciencia contemporánea.



Así que lo hacemos ya, cerramos los ojos, e imaginamos…


Soy una lubina, vamos no sé qué soy... Realmente, la idea que tenemos de esta especie se basa en los estudios que nos permite el desarrollo de una potente e imaginativa corteza cerebral. Pero como perciforme, dispone de un preponderante cerebro primordial. Así que actividades cognitivas que no están a su alcance no nos las podremos permitir. Entonces, como premisa, no sé lo que soy…

Busqué la comida agrupada junto a otros. La visión de los compañeros, en edades tan juveniles, tal vez me dio carta de naturaleza. No hay espejos en el mar, pero sí sé de lo que soy capaz. Los genes mandan mucho en un teleósteo con este grado evolutivo. Tanto como para dominar normas de comportamiento tan ineludibles y representativas del “ese ser pez”.

Y siendo lo que soy, en ocasiones no soy consciente de mis capacidades. Y lo comprobé bajo la luz del sol, cuando ataqué esa comida llena de rayas, que no pude tragar, demasiado grande.

Se guiará por esa energía interna, pues no hay otra manera. Al minuto, los agitados padres abandonan los ovocitos fecundados. El embrión crece y nace una miniatura que consume rápidamente el vitelo. Y no hay cuidados, ni periodo de adaptación. Todo dura muy poco y ya hay que tener suerte para alcanzar dos semanas de vida.

Pero eso se come, y no sé qué es, pero está bueno. Y el plancton da las primeras dosis de ATP que fortalecen musculatura y encaminan con buen pie a esta hermosura.

Todo pasa sin yo saberlo, de forma programada. Pica el hambre, y mis compañeros atacan a esos animales con caparazón, algunos hieren. Y otros son más blandos, y los persigo donde el agua cambia de sabor.

Deambulo mezclada, sin identidad, en un grupo de hermanas o primas; y voy creciendo, sin saberlo, y mis amigos ya son menos, pero no me importa. Ahora tengo “algo” en mi interior, que me hace padecer más hambre, aún. Busco comida, y cuando los días menguan algo llama mi atención. Sé que hay comida donde el agua es más profunda. Lleno la barriga con esos peces alargados, y como a destajo esos animales de concha bastante dura, que flotan y reman en el agua. Qué fácil se cazan esos…


Pero no sé qué soy. Mas esta inquietud que residía en mi interior opera un cambio. Si supiera lo que son, diría que mis genes se manifiestan generando unas proteínas y unas hormonas que hacen que empiece a madurar. Por el momento, desaforado apetito…

Hasta que me embarga un irrefrenable sentimiento, una orden interna que me hace buscar un fondo tranquilo. El lecho es buena cama, de guijarro fino. Un corto lapso, saliendo y siendo rápidamente rociadas por varios machos, que vaya cómo se lo toman en serio.

No sé cuanta distancia habré recorrido. Si cuento por temporadas frías, no menos de quince. Mucho tiempo, casi demasiado. Un privilegio, pues ya no conozco a nadie de mi generación. Vago con pleno poder sobre un mapa detallado. Tantas idas y venidas me han fatigado. Un día, de forma tan extraordinaria como natural, esa lubina deja atrás una vida plena, y una vasta generación cuya suerte está en entredicho.

Ahora, en esa agonía, recuerda cómo aprendió a sortear esa sombra, que blandiendo un instrumento que plateaba, le infringió dolor. Tardó en recuperarse, mas no olvidó esa figura tan extravagante.

Se mira con cuidado determinar el movimiento de esas presas, de esos pececillos. Aprendió bien a moderar la vista y la línea lateral. Incluso en aguas turbias o en las tinieblas, los ejercitados neuromastos le dicen que no, que no es una comida, que clava y duele. Como aquella vez, que tardó varias semanas en soltarse de esa espina que prendió en el labio.

Nadar con tanto impedimento no es tarea fácil. Por eso se habituó a acercarse donde las aguas cubren poco con presiones bajas, y con mucha corriente. Así supo que podía evitar el tropiezo con esos nefastos artilugios.

Pero el hombre…nunca reconocí un ser de esa naturaleza. No sé qué es todo esto, pero sí he aprendido a reconocer que no es bueno para mí, y así he sobrevivido.


TERCERO

Dos seres duales



El Homo sapiens ha demostrado, con apuesta vehemente y decidida, cómo es incapaz, en muchas ocasiones, de modular el comportamiento emanado desde el cerebro primitivo. Qué duda cabe que tenemos el útil para evitar los perniciosos efectos de tan resistente maraña neuronal: una corteza cerebral que se desarrollo durante un proceso de 4 millones de años, que nos llevó desde los árboles al suelo de la sabana deforestada, y que nos obligó a levantarnos para ver por encima de la pradera en época de lluvias. Liberadas las extremidades superiores, qué mejor que utilizarlas para algo. Y ese algo fue, poco a poco, pautando el entrelazamiento y multiplicación de neuronas. Ello nos dio, con el paso de milenios, la razón. Sin embargo, para nuestro pesar -y el del planeta- las más de las veces no somos capaces de arbitrar sistemas de convivencia integrados en el entorno. En el haber, sí, momentos de lucidez, cuando nos volcamos, de forma decidida y entusiasta, en insuperables momentos de solidaridad y en la creatividad más abigarrada y explosiva de la galaxia.

En un momento, quedo prendado de tanta belleza. Escruto en su mirada y me pregunto ¿qué pensará tan admirable ser? Y decido liberarla, darle un camino a su medio. Se agita y coletea, en agradecimiento, o mejor - pasiones aparte-, sin saber muy bien qué ha pasado.

Otras veces, surge ese instinto atávico. Contradictorio, si tenemos en cuenta que mis necesidades nutritivas están atendidas, sino saturadas. No obstante, ejecuto el arte de la pesca, y doy muerte a este animal que reverencio.

Si nos empecinamos en buscar, la cultura humana rebosa, en cualquiera de los campos, ejemplos que ponen de manifiesto tamaña incoherencia. El sentido del bien y el mal, del Ying y del Yang, de la Bella y la Bestia…en definitiva, como pescadores que somos, nada que se aleje del sentimiento que Heminway supo trasladar, con una maestría sobrecogedora, en “El viejo y el mar”.

Me acepto, no hay choques. La decisión es mía, como pescador. Y otras veces, es la lubina la que supo evitar mi engaño.


¿Y nuestra protagonista? Emular el sistema cerebral de forma que nos permita evaluar su pensamiento excede lo posible. Lo hemos intentado hace unas cuantas líneas, y sólo hemos conseguido una ficción basada en los recursos de que estamos dotados gracias a las nociones disponibles. Si nos dejamos arrastrar por la visión romántica erraremos el tiro. Lo más factible, dada la escala evolutiva en que se encuentra, es que la conducta, como en otros peces situados en el vértice de la pirámide del ecosistema en que está integrado, sea modulado directamente por los genes. Que su capacidad para alterar la herencia se halla sujeta a tales limitaciones que sólo ciertas adaptaciones menores (del tipo de la alerta ante nuevos avatares, como el impacto de la actividad humana) pueden trastocar el proceso evolutivo natural. La pesca, desde todos sus ámbitos, jugará siempre un papel trascendental, al pervertir el ambiente marino. De este asunto ya hemos adelantado algo, así que lo que nos conviene es percibir lo limitado del conocimiento mutuo.

La lubina no sabe qué es un ser humano. Eso sí, ve los rastros y curso efectivo de su acción. Padece las consecuencias y sigue con sus hábitos adquiridos, los más importantes. Pero el hombre, ¿qué ve en el pez aparte de una fuente de alimentación, de recursos o, de un trofeo que puede colmar nuestras expectativas agonísticas? Quizá no vemos más allá. Tengo la certeza que la selección natural no va a obrar demasiados cambios en el combinado genotipo-fenotipo de ambas especies tan alejadas filogenéticamente. Tampoco me quedan dudas que dentro de 100 generaciones, cuando el mar transforme en arena pulida el bloque de cuarcita que ahora cae del acantilado, este serránido seguirá surcando las procelosas aguas europeas, tomando el espacio que ocupó, en su momento, otra especie que nunca conoció realmente, el Homo sapiens.

Personalmente, me siento tan caduco que intento integrar la visión de este pez, y lo vuelvo mítico, a sabiendas que todo lo que sé no me sirve para predecir sistemáticamente el comportamiento de ésta, tan arrogante como pusilánime, tan evasiva como temeraria.

500 generaciones y las lubinas bullirán de nuevo…

Carlos Redruello

Especulaciones M- H-XH...distancia






Casi ni me planteo otra opción. Hoy por hoy ajusto mis necesidades y capacidad de acuerdo con la fórmula <500.

¿Cuál es esta fórmula? Pues nada tan fácil como la suma –en gramos- del peso de la caña y el carrete. Y debe dar un resultado menor a 500 –gramos, se entiende-.

¡Algo que era impensable hace sólo unos años! Y ahora, te permite acceder a un equipo de spinning marino de potencia M. Mi espalda no está para practicar durante muchas horas el lance de señuelos pesados con equipo equivalente. Por ello, el 90 % de las ocasiones ese equipo “500” es el elegido. O sea, una caña bi-tramo de 9,4´ a 10´ y un carrete correspondiente. Las cañas las encontramos con pesos que, en el estrato de potencia médium (15-45 gramos) suelen bajar de los 200 gramos. ¿Y el carrete?...pues se complica el asunto en los tamaños 4000-5000 Shimano (3000-3500 Daiwa), salvo si optamos por productos que han sido muy aligerados – léase tipo Rarenium, sí, una rareza, pero que estimo será repetitiva en el futuro-. Entonces nos quedan los 2500 (menos de 300 gramos) para llegar a nuestra imperativa fórmula.

Unamos a este combinado un braid de última generación, de numeración proporcional al especificado por la caña. Estaríamos, normalmente, en un PE #2 según el formato japonés. Sería nuestro tan utilizado 23/100, o sea, un 20 lb americano. Y especifico este formato como media entre lo que usamos con más frecuencia si de spinning en zonas rocosas se habla.

Unamos un Leader pongamos que en un 42/100, para cubrir todas las necesidades.

Y pongamos algún minnow LD moderno, como podría ser un nº 1 como el SLS 17 S-G (el plug nadador que más distancia consigo).

Un lance con viento a favor. Contamos: 1,2,3….92 vueltas de un carrete con ratio 4.8-1 y unos 75 cm ( de media) por vuelta….y sale un multiplicado de 69, unos 69 metros, en la barrera de los ¡70 metros! esa distancia mágica que hace bien poco se nos antojaba imposible.

A partir de aquí, una entelequia, un imposible, aunque forzando la capacidad de la caña esos jigs y chivos de 40 gramos sí que pueden algo más. Pero la limitación técnica se impone cuando vemos ese bajo, a 100 metros, al que no llegamos. –“Vaya, me podría haber traído el equipo pesado”- lamento…

Pongamos, para la caña de 11-12´ XH-XXH, que ya pesa lo suyo (por lo general más de 240-280 gramos), el carrete 5000 de algo menos de 400 gramos. Aunque no viene mal el 6000 Shimano, o el 4500 daiwa, aunque ya estamos usando la fórmula <800, en el mejor de los casos. Y claro, salvaguardaremos un incremento en la capacidad para conseguir metros, pero pronto empezará el renqueante dolor de hombro…y eso por muy compensada que esté la caña en el butt.

Pero la maldición de la distancia siempre está ahí. Y vemos cómo se diluye a base de dolor y sacrificio. Como con este equipo que no falla.

En las fotos veis una caña Shimano Surf Leader EX-T y un Daiwa GAME 3500 cargado con trenzado de 20 lb. Bueno, era la formula elegida para llegar a este bajo que veis, a más de 100 metros.

La eterna duda…






miércoles, 14 de julio de 2010

Hoy por Vilar, balieiros, Corrubedo...

Una meteorología "extraña", con un tiempo de "otoño" en pleno verano. El fin de semana fui, con probadas intenciones. Mar de fondo, aguas tapadas, aunque bastantes algas, que molestaban el buen discurrir de los señuelos. No obstante, las condiciones alentaban a intentarlo. No tuve un solo ataque de lubina ( ni de aguja...), algo que me ha desconcertado, pese a tantas tribulaciones como llevo en este mundo de la pesca de nuestra reina del mar.

Estas imágenes las capté hoy en la zona de Corrubedo, desde playa Vilar hasta Balieiros y cabo Corrubedo. A las claras se ve cómo ha aumentado el mar al cambiar la dirección del aire de sudoeste a oeste, con fuerza.

Un saludo.





















EOS 50D
SIGMA 10-20 4-5.6
CANON IS EFS 17-85