martes, 8 de febrero de 2011

Disfrutando en la escuela

Esa tarde irrumpí en un curso de secundaria. No topé con doctor alguno, pero los adolescentes demostraron que les sobra energía y ánimo.

Tras unos días con mar en grado tal que hacía muy penosos los intentos ( limitados al lance de artificiales pesados en zonas más protegidas) y casi nulos los aciertos ( salvo lubinas pequeñas), hoy se me antojaba que cualquier pretexto serviría para alentar a un poderoso robalo a tomar mis artificiales.

De hecho, el viento de sur enmudeció lo suficiente a este mar, como para poder acceder a una de mis posiciones predilectas.

Los ataques no se hicieron esperar: una tras otra fueron llegando, pero de ida y vuelta, ya que todas volvieron a su natural dominio. Alguna era talluda, crecida para la edad; y todas se apoyaban en la corriente de resaca para hacer creer al pescador que al otro lado había un maduro y resabiado lubinón.

Entretenido con mayúsculas, hasta el punto que, cegado en la imaginación, esperar la noche. El encuentro no se produjo, así que di por buenos esos momentos que acompañarán a esos otros y a aquellos y...



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