Me pareció raro no encontrar lubinas en su terreno; pero bueno, no siempre se acierta, o bien se han separado de la costa tras el temporal. En muchas ocasiones, tanta agitación consigue efectos contrarios a los que deseamos: bate con fuerza y crea corrientes que vuelven incompatible el normal devenir de los peces, que buscan otros territorios. Esta circunstancia la he vivido en muchas ocasiones. Pero también es cierto que esta calma relativa, si prospera, ha de arrimar a tiro de caña a tan preciosas criaturas.
Os deseo suerte y que capturéis el robalo de vuestra vida, que seguro está en el mar.
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