lunes, 18 de julio de 2011

la "última" marea...

"Esa pasión, de pescador verdadero, sólo es equiparable a aquella, por retomar su medio, que manifiesta ese “sueño” escamado. Y un marco definitorio sólo está completo cuando se incorpora una incardinación entre hombre y medio. A él ya no le es posible entender el hecho deportivo y romántico de esta actividad, sin que en la ecuación figuren la ecología, el hombre y el pez.

Pisa el roquedal, abrupto, abrasado, en cuyos resquicios se apegan a la vida los líquenes de litoral; unos pasos más allá, la zona mojada en ocasiones por cortesía de mares bravos y sicigias, donde las lapas se cierran con hermetismo; y más abajo, cruzando con cuidado esos pozos en cuya base asientan raíces de laminaria; y gobios, quisquillas, orejas de mar…multitud de organismos que, unas veces instalados en tan plácida ignorancia y otras prevenidos ante un futuro en ciernes de ser castrado…conviven en un ecosistema natural.

Cabe integrar este panorama, a sabiendas que bajo este medio irrespirable un animal que idolatramos discurre, impulsado por esa savia vital en que se han transformado los lanzones en bajamar engullidos.

El hombre: invasor, sin duda…pero puede serlo de forma comprensiva, sumándose, en la medida posible, a ese vaivén orgánico. “Pescador-Pez”, que aprenderá a disfrutar de ese aroma a fucus; que sabrá penar ese resbalón en terreno tan hiriente; que no turbará el normal discurrir, ni degradará… y ¡sí! Vive, y vivirá el romance con el pez deseado, acopiando ilusión, desprendiendo altruismo y concitando para sí el desagravio ante un mar tan castigado, despreciado, malquerido, ignorado...


Y es un gesto de silencio, con la caña en la mano, ofreciendo una disculpa previa, por tanta usurpación.

Sentimientos que brotan, que hacen entender cuán naturales son estas sensaciones. Sentimientos que ya en la juventud experimentaba, de un respeto que en ocasiones traicionó. Ahora quizá esté “loco”, febril de amor, e intenta domeñar esta conducta, viendo que así restaura su humana condición.

La piel toma fresco aliento del céfiro norteño, se impregna de esas gotas crisol de seres; suena el grácil batir del cormorán, que no apaga el escandaloso chapoteo en la poza; y ese aroma, suma de fragancias que se resumen en saludable olor a “mar”…todo ello le recuerda que está vivo, que de verdad ha sido un producto de este maravilloso planeta, acontecimiento nimio en una galaxia común entre millones de galaxias; y que, aunque por un infinitesimal periodo de tiempo, ha existido, convocado para formar parte de “ello”.

Y todavía se siente egoísta, si con ello combate los rigores de esta vida. ¿No es más que suficiente? Tanto recibido que, a medida que discurren los otoños, siente mayor deuda. Tamaña reflexión, tan personal, cabe en ese cuerpo, y en esa mente que, marea a marea, se vuelve más azul"

3 comentarios:

  1. Aupa Carlos:

    Bonito escrito.

    Se diría que hay una parte de CORAZON ahí.....

    Un saludo

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  2. Hostiaaa…………,perdón,quiero decir,muchos de esos sentimientos,placeres,emociones,quizá también algunas contradicciones,las sentiremos un buen porcentaje de las personas que compartimos esta pasión por el mar y la pesca,sobre todo por el mar,pero exponerlo así…. ,casi emociona y se nota que hay mucho sentimiento detrás.Enhorabuena por ese texto con el nos identificamos.


    Un saludo.

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  3. Me adentré en esta biblioteca del saber y disfruté de su texto.
    El paso del tiempo consigue afinar las estructuras interiores y comprender la amplitud de vida que nos rodea. Nuestra afición, deporte, arte y nutridora espiritual, deben estar en sintonia con el medio que nos sustenta y rodea, respetando sus exigencias y aplicando las normas y reglas que el sentido común nos sugiere, disfrutando de la pesca, de las capturas, de sus sabores, dentro de ese marco ético.

    Un saludo.

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