domingo, 4 de diciembre de 2011

"EL chivo sigue vivo..." 3





LUGARES...


Tras haberme perdido, de forma inconsciente, en tanta divagación (en algún artículo ampliaremos la cuestión, si así lo deseáis) acerca de las líneas de pesca, paso a compendiar algunos de las localizaciones que, por su tipo de geología, situación geográfica, idiosincrasia..., mejor se orientan a la pesca con el chivo:

-Canalizaciones naturales en cabos y promontorios de paso a todo tipo de bahías batidas allá por dónde es previsible el transcurrir de los bandos de peces. Cualquier punta que marque un punto geográfico en áreas de litoral abiertas al mar de fondo, es posible que otorgue óptimos resultados, siempre que la lubina sea abundante. Desde estos parapetos se domina un círculo que permite lanzamientos continuados en abanico. Como siempre, la acción más positiva consiste en buscar con la mirada cualquier escollo sumergido o cualquier peñasco. Si se localizan a la distancia adecuada, marcarán el objetivo prioritario.




-Desde playas pedregosas, de cantos, regodonales, lanzando en dirección paralela a sierras (a veces, pasando por encima de las mismas). Estos fondos tan irregulares se convierten en el enemigo uno, ya que los enganches son habituales, sobremanera cuando no adquieren profundidad (rasa Cantábrica); sin embargo, sí que son provechosos, siempre arrimando el disparo a los cantos de cualquier peñasco que veamos. Más que recomendable -diría obligatorio-, una visita previa durante el periodo de bajamar de una marea viva, para marcar distancias y dianas. 



-También desde playas de arena, eligiendo aquellas de merecida fama. El róbalo no desdeña el plateado de nuestro señuelo entre un tumulto de olas que han reventado a 70 metros de la orilla. Una ventaja –definitiva- de estos parajes: apenas tendremos que enfrentarnos a enroques, así que el manejo será a placer, con la cadencia que mejor resultados nos dé.




-Lanzando en canales y pasadizos dispuestos entre las sierras, en el transcurso de la bajamar o bien desde la misma playa escudriñando las  zonas cortadas que el flujo empieza a rellenar. Trataremos de buscar la punta de la sierra y si hay alguna peña alta será preciso encaramarse, pues así evitaremos muchas salpicaduras a la par que nos permitirá un control efectivo del artificial y del pez. El lance será preferente paralelo a las formaciones, de forma que el chivo venga cerca de la roca. La lubina suele encontrarse estancada, durante el reflujo, en algún recodo o bajo cualquier formación y sólo saldrá al canal si las aguas están tomadas y el señuelo está bien manejado.




-Desde acantilados bajos sobre áreas cuyo fondo esconde bajíos (grandes piedras, sierras sumergidas...) que sirven de reposo y de escondite apto para la emboscada a la lubina que se retira cuando comienza el reflujo. Buscaremos siempre la aproximación máxima a esos bajíos, mejor pasándolos si es posible, para luego recuperar arrimado a su base, incluso por encima si la mar los oculta, dejando de recuperar en cuanto los sobrepasa para que se hunda y luego volver a recoger.





¿ÉPOCAS, MAREAS...?




No dudo al respecto: en otoño, invierno... y, por supuesto, primavera.

En invierno (dependiendo del año), la lubina acerca sus miradas a la costa, aprieta la acumulación de grasas realizada durante la época de la abundancia (verano hasta octubre –noviembre), las huevas que darán una exitosa freza. Habrá días calmados que no debemos despreciar, sobre todo a finales de otoño; sin embargo, en ocasiones, una gran mar de fondo dificultará en extremo la práctica en las zonas habituales y lo más prudente será localizar algún recodo o un tramo de costa a salvo de los trenes de ondas.

Acostumbra a haber remesas de peces que entran a la costa, bien sea detrás de alimentos (peces pasto, patexos...) y/o a realizar el desove. En febrero siempre me ha tocado un par de semanas exitosas, en general coincidiendo con los inicios de las sicigias y, claro está, con un mar acompañante.

Tras los temporales ( todavía con aguas calientes y mucho nutriente) de noviembre ( incluso en.diciembre, según años) suele ser enero en su final y el mes de febrero cuando toman posesión de la costa, a fin de completar su proceso reproductivo. 




Como quiera que este pez puede realizar más de una fase de puesta, esperamos a la primavera. Algunas están desovadas y entran en pos de nutrientes que también arriman al litoral; otras, cargadas de huevas y esperma, son responsables de frezas que pueden ser tardías, hasta junio. En realidad, y me baso en constataciones personales, he visto ejemplares con células reproductivas a término desde diciembre hasta junio, así que esto nos da idea de la dilatación temporal del proceso.

*Periodo de freza: nos preguntamos si sería bueno plantear una veda en este periodo (claro está, una vez identificado en cada año). Sí que lo sería, no hay otra versión,  sobre todo si se lograse suprimir el impacto de las actividades de la flota, principalmente la que usa mallas. Pero, al mismo tiempo, resultaría, para nosotros, pescadores deportivos, un serio revés a nuestras posibilidades anuales de contactar con los robalos que, fuera de este periodo, se muestran esquivos a nuestros artificiales. Por consiguiente, veda sí y para TODOS, pero SÍ al C&R durante esta época ( aunque en muchas ocasiones , practicar C&S en invierno es muy complicado, sobre todo por dificultad de escenarios)


Durante la estación, resulta tópica una variabilidad omnipresente. Un periodo de dos semanas puede estabilizarse el tiempo por culpa de un vigoroso anticiclón; otros días, una de las últimas borrascas puede cambiar el panorama. No restarán -los peces- indiferentes. Las aguas claras van tomando color y aprovecharemos esas jornadas, con predilección por las mareas en que se produce el cambio; ese movimiento del barómetro (de altas a bajas presiones) suele incitar, en los momentos previos, el comportamiento cazador del róbalo. Fuera de estos vaivenes, con la mar tendida, sólo el fuerte madrugón y el uso de señuelos más livianos (aunque, como ha quedado –y quedará- patente, el chivo, en formatos ligeros, también se adapta a estas condiciones) dará con “ellas”.

Amanece que no es poco, y no puedo desear otro momento. Las puestas que dan a bajamar o a pleamar en las mareas antes o después de las mareas vivas (dos veces al mes) cuando coinciden los flujos en su nivel superior o inferior poco después de amanecer. Es decir, pleamar en mareas medias al amanecer en playas batidas.

Os doy un modelo (que sirve, al menos,  para  la costa noroeste): abril, luna llena un martes. Pleamar sobre las 17:15 PM. Siete días antes, cuarto creciente (luna en forma D perfecta). Comienzan a crecer las mareas. Amanece a las 7:30 horas- crepúsculo a 21:30horas.  Cuarto día del ciclo, marea de coeficiente medio. Bajamar a las 8:20AM y a las 20:35PM ; pleamares (más o menos) a las 14:25PM y a las 02:45AM.  Coincide muy bien, pues en el orto llegamos una hora antes de bajamar y podemos posicionarnos en algún puntal que esté limitando un canal o algún bajo interesante. Así, esperamos el remonte de las aguas. Por la tarde, también podemos realizar lo mismo. No son mareas vivas y los peces pueden estabilizar su paso por esos canales, que contendrá suficiente agua. Los lances, desde la zona tidal –seca- indagando los accesos en precario a las piedras y peñascos altos desde donde encontrar un otero en que proyectar la visión de una mar que acepte nuestro engaño prodigioso. En febrero anochece en torno a las 18:30horas, así que esos lugares serán habilitados por la tarde con mareas más cortas, entre uno y dos días después del cuarto creciente o menguante.


Sólo es un ejemplo, pues a mí, personalmente, me gustan muchas puestas de ese tipo.

Tened en cuenta las diferencias de luz entre invierno y verano, adaptando el estudio de la tabla de mareas a los efectos.

Dicho lo cual pido disculpas por tan encarnizado jeroglífico. Pescaréis lubinas con el chivo a cualquier hora y en todo momento, y con cualquier tipo de mar; no obstante, las condiciones expuestas  acrecentarán las probabilidades. Todo ello dependerá de la fórmula magistral que contiene cualquier puesta de la geografía, pues todos los rincones generosos en capturas disponen de sus peculiaridades, que habréis de conocer.

Configurado un esquema que resuelva las incógnitas, nos aproximamos un día veraniego, poco o nada halagüeño. Oteamos a lo lejos viendo a un aficionado efectuar un lanzamiento en zona de baños a las tres de la tarde, con un chivo de 100 gramos y mar “como un plato”... ¡Zas, lubina de 6 kilogramos! lo sé, cosas que pasan. 


TÉCNICA

 

 

 


¡Me dejo este chivo, seguro, tal es el enganche! así de claro. Un señuelo que es preciso recuperar con brío especialmente si debe planear sobre sierras con escasa capa de agua o entre peñas alejadas. Si practicamos durante la primavera en la rompiente, al menor descuido veremos cómo un anzuelo se espeta definitivamente al tronco de un alga parda.

El chivo cumple su oficio si se trata de tiradas repetidas en una prospección sobre un área batida; pero con baja luminosidad también se estimulan los morónidos incluso si no llega a marejadilla, tal es la efectividad del artilugio; incluso con nocturnidad, mayormente si la luna llena acompaña los destellos del metal...



Llegamos a un roquedo típico, ya sabéis, pedernal resbaladizo en bajamar hasta un saliente que se introduce unos metros; rocas por todas partes; olas que rompen; el agua atigrada blanca, sin parada, penetrando con fuerza, arrollando el paso del canal, sembrando de hervor el bajío. Desde esa posición, lanzaremos buscando el canto de esa gran piedra; sabemos que por ahí suelen agitarse, con vehemencia, esas aletas caudales. Un lance posterior, precisión, con unos 60 metros de vuelo. Conviene cortar el recorrido justo antes de que el plomo roce la superficie, bien presionando con el dedo pulgar sobre el monofilamento o bien dando un giro fuerte a la manivela con el objeto de que se cierre el asa de guía, aunque esta acción es bastante brusca. El motivo: son dos euros y lo más importante, comenzar con “buen pie”.



Recupera con celeridad hasta que emerja; recoge ahora con vueltas rápidas, si la ola acompasa el movimiento; disminuye luego la cadencia en el giro, ya que la resaca subsiguiente dará vida al chivo; pero nunca dejar  de enrollar hilo, es el secreto.



El tipo de fondo lo es todo: si el mapa es bajo e irregular, la cadencia se acompasará y será prudente seleccionar un modelo no pesado y de forma aplanada; si se trata de bajos con canales alrededor y conocemos estupendamente el lecho, y los obstáculos, un recorrido lento de la manivela alentará las picadas.



Si hay ola de fondo y fuerte marejada, los enroques se solventarán por sí solos, dejando un tiempo de espera a que la resaca detrás de la piedra lo libere. Si es mar de norte, incluso con marejada de 2,5 metros (de la que no remueve fondo), será más difícil y perderemos irremediablemente alguno. Con el mar tranquilo, dependiendo de la roca (al final las conoceremos todas) ya sabremos las posibilidades –limitadas- de librar.



En el caso, por otro lado frecuente, de vernos incapaces, apretamos freno del carrete, cogemos dos o tres vueltas de hilo y las enrollamos en la vara (por delante del carrete) para a continuación tirar recto, sin arquear ni forzar la vara. Con el trenzado, nada de agarrar a la mano, pues el corte puede ser doloroso.

Las grandes piedras que se extienden a metros de las puestas comienzan a ser superadas por las ondas; montar la caña de lance es un instante; un “clinch” seguro fijará el “chivo” de 70 gramos; spinning pesado acertando en esos bajíos que la resaca descubre, hogar de lubinas. Varios intentos sin éxito ¡Dios mío, increíble! Nos negamos a reconocer el impacto de la pesca abusiva… pero al final siempre podremos exhibir el premio al pertinaz trabajo de espalda: agalla dilatada, opérculo navaja.



Alba esperada, un tibio retrato brillante, metamorfosis de inanimado objeto en ser orgánico, capaz de alentar la codicia, de calibrar el apagón a la hambruna o la bulímica satisfacción de un pez de naturaleza imprevisible.



“Pues ahora contamos con el chivo, lo conocí hace poco; una gran pieza cayó detrás de ese novedoso artificio pesado. ¡Ah, pero si resulta que alimenta gruesas lubinas desde la noche de los tiempos!... ¡increíble, de veras!”

¿Denostada en el sendero de la ciencia?

Año 2025, un achaque tras otro...”¡maldita, desgastada  rodilla!”, me quejo. Un chivo que golpea, zigzaguea, se aproxima. La lubina lo ataca y falla, pero en un portentoso intento lo engulle ahí mismo.


En tiempo moderno y cuando se trate de lograr la amabilidad de ese paso alejado, donde no podrá soñar el paseante...

¡El chivo sigue vivo!


FIN


Carlos Redruello, para Robalo Tecno Spinning

2 comentarios:

  1. No sé porque no me deja enviarte un correo privado. Tengo una duda y necesito consejo. Como ya sabes voy a empezar a salir a las lubinas de vez en cuando en embarcación y voy a comprar carrete para vinilos y paseantes, tengo dudas en dos rarenium 4000 o stradic 4000, este último me dicen que es muy rápido así que necesito la opinión de un experto. O a lo mejor tú me aconsejas otro. Y me valdría de segunda mano así que si sabes de alguno.
    Muchas gracias. Un abrazo. Mi correo es (tanero@hotmail.es)

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  2. Walter, si vas a usar ese tipo de señuelos desde embarcación en ría preferentemente, no precisas tanto ratio. 4.6 o 4.8 es suficiente en un 4000 shimano. Acompasarás mucho mejor los modos WD y TW. PAra mí, si no fuera que en muchas ocasiones pesco en rompiente y necesito sacar rápido los señuelos ( más en invierno)y lances muy veloces a diferentes puntos, siempre quisiera un ratio 75-80cm máximo.

    Carrete ligero (menos de 280 gramos)para comodidad y con buen freno, es lo más sensato.

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