viernes, 2 de diciembre de 2011

El "Chivo" sique vivo...

PREÁMBULO


Veo como en intrépida postura toca el alba en el “Serrón”, y el pescador sabio el reloj apresuró.

He repasado concienzudamente -en una retrospectiva humilde, mas teñida de pasión- la evolución imparable en los aparejos de pesca: avalancha continuada de novedosos componentes, artilugios de todo tipo y condición...que van engrosando el último volumen del conocimiento enciclopédico en la materia.



La inteligencia natural del individuo le hace selectivo a la hora de procurarse los mejores elementos; pudiendo ser, todo empeño se traduce en la ecuación ajustada entre calidad-efectividad, en equilibrio con un coste razonable. Pero, en más ocasiones de las deseadas, no conseguimos acertar en el resultado: la curiosidad, a veces desmedida, es un factor determinante; la presión mediática y la demanda de la industria por un hueco en el mercado, otro.

Spinning lo llamamos, ahora, pero siempre tuvo nombre en la jerga patria: “chivear”, “plumear”, “varear”... la tradicional “escabela” o “goma”, el irrenunciable “chivo”o “pluma”.

Dicen que somos el ahora en una mixtura con el pasado. Una vara de carbono de alto módulo, un carrete ligero en duraluminio, un dispositivo que sólo con imaginación puede parecerse a un pez... ¿cómo puede ser?

“El “chivo” sigue vivo”.

Cucharas ondulantes, poppers, minnows a go-go y stickbaits; anguilones y toda suerte de pikies y vinilos...un lote variado que ameniza esas andanzas, caminatas hasta desvanecerse. La idea es fija, continente y contenido: la lubina.

Y el “chivo” sigue ahí: fresco, cuidado, esperando el momento para salir de tan amarga reclusión, presuroso por buscar la gloria en esa agua saturada de oxígeno.

 Un ingenio sin autor (al menos los rápalas tienen padre e historia conocida), fruto ni más ni menos que de la observación y pericia de ese lugareño avezado, quién sabe quién...


Sigue siendo igual pese a que los formatos (léase diseño, dibujos, incrustaciones...) han ido dando ciertas dosis de “modernidad” a un artificial anclado en el ayer, mas ese grado “conservador” no se corresponde con la efectividad, asombrosa capacidad para atormentar el inicio en el peregrinaje del roballo.



EL “CHIVO”


Consta de tres partes diferenciadas: anterior, donde se sitúa el extremo de anclaje del hilo; el cuerpo, siempre de forma alargada; la cola o extremidad final.

El cabo de enganche es muy simple, una mera acodadura del cordel (trenzado de nailon de unos 2 milímetros) que va por dentro del cuerpo. Un punto débil, que se desgasta en los continuos roces con las rocas y debe ser vigilado para no perder la pieza del año. Pienso podría mejorar con la simple instalación de un cojinete con capacidad giratoria; o con la sustitución por cable de acero, como bien hace mi amigo Roberto.







Llamo como cuerpo a la estructura de plomo que nace en un molde específico para cada peso y modelo.


El plomo, metal pesado, flexible e inelástico, se mezcla en aleación con elementos como el antimonio. De símbolo químico Sb, se utiliza en aleaciones en un porcentaje del 1 al 20%, aspecto de trascendental importancia durante el proceso de fabricación del señuelo. El objetivo último es dotarle de una mayor resistencia mecánica y dureza que el plomo puro. Este procedimiento es sumamente delicado. Un exceso de antimonio metálico volverá el señuelo quebradizo en exceso, eventualidad que le hará perder sus cualidades ante un golpe, incidencia asaz frecuente en el spinning pesado sobre áreas rocosas.

Conseguir este elemento en estado puro no es fácil; lo normal es que venga mezclado con otras sustancias y en productos terminados para diversas aplicaciones, que es la forma en que los artesanos lo usan, pues resulta más simple el aprovisionamiento. Metal antifricción y contrapesos para montaje de ruedas de coche, entre otros, sirven a este propósito.



Es común ofrecer una baño final en contacto con níquel, metal duro, blanco plateado y muy maleable. Ofrecerá una superficie brillante, resistente a la corrosión y al desgaste.

Sin ánimo de causar alarma sí es indispensable alertar de la potencial peligrosidad de estas sustancias, si no se asume su manejo con el debido cuidado. Los daños pueden ser agudos o a más largo plazo, y se deben a la inhalación de los vapores durante el proceso de fundición. Desde irritaciones respiratorias que puede producir el antimonio hasta daños más serios por el plomo, procesos que se pueden volver crónicos y afectar a variados órganos de vital importancia (riñones, sistema nervioso, disminución en la fertilidad...). Como forma más inmediata de prevención de riesgos, utilizar mascarilla y alejarse de los vapores cuando se está calentando el metal de plomo.

Los moldes más corrientes se fabrican por técnicos fresadores en fundiciones de metal y son los mejores: dos mitades simétricas que se unen mediante una bisagra; el cuerpo se modula en el proceso de fundición y luego se deja un pequeño tubo de metal que servirá para crear el hueco interior. Se emplea el acero y el aluminio.

Tarea ardua el hacerse con un artilugio de este tipo, salvo si se tiene la suerte de conocer a un especialista que lo materialice de buen grado; en caso contrario pedirán alguna cifra más que desconcertante, lo que puede disuadir a cualquiera.


No obstante, merece la pena intentarlo, dada la merma de ejemplares que supone la afición continuada a esta modalidad.

Es factible simplificar el proceso mediante el empleo de nuevos materiales desarrollados, como las siliconas de alta resistencia, que ofrecen la posibilidad de crear moldes específicos sobre una matriz: consiste, esencialmente, en la mezcla de dos componentes cuya concentración se debe calibrar con rigor; el resultado servirá para verter sobre un recipiente –hermético- donde hay que introducir con antelación el original; la sustancia resultante fragua en unas horas, dando lugar a un molde de gran calidad, sin burbujas y capaz de resistir el plomo derretido. Creando dos moldes simétricos que se pueden ajustar el uno al otro ya dispondremos del objeto anhelado. De todas formas, los más usados, por duraderos y eficaces, siguen siendo los metálicos, en especial los de aluminio.

La cola, protagonista sustancial. El mejor pelo es el natural, de cabra, mejor de macho adulto, buscando dos -o mejor tres- coloraciones, en una gradación del blanquecino claro al pardo oscuro, incluso tinciones como el rojo o naranja; también la cola y crin –superior- del caballo, en cuyo caso precisaremos cometer algún pequeño desaguisado con el équido del vecino, arrancando con unas tijeras ad-hoc el del pelo blanco, para pasar luego, en sigilosa aproximación, al acecho de ese rucio azabache... demasiado quizá, sobre todo si “pongamos que hablo de Madrid”. También se generalizan los pelos sintéticos, dando resultados equiparables. Otra ventaja es que permiten emplear mechones de la longitud deseada, circunstancia que facilita el montaje del señuelo; además, estas fibras oponen menos resistencia al aire. En su demérito, frente al pelo original, es que no evolucionan  de forma tan natural, aunque esta percepción puede ser un tanto personal.

Los anzuelos son en muchos casos de baja estofa, estudios de coste se llama, supongo. Un artificial que podemos considerar económico no va a “vestir” arpones de aceros tratados de última generación, circunstancia lógica, habida cuenta del precio. Pero, para nuestras confecciones caseras, sí podemos acudir a formatos curvos de alta gama. Los modelos habituales que se aprecian en los detallistas varían desde una “especie” de curva tipo “Kirby” –semejantes-;  algo extraños, se oxidan con gran facilidad y no presentan una adecuada resistencia en la punta que aloja la “muerte”. Algunos productores, con acertado criterio,  empatan anzuelos de más renombre, predominando los corrientes Mustad (normalmente curvos, del número 3/0 y de la referencia –típica de palangre- 533) y la diferencia de calidad se deja notar. Nuestros diseños pueden, en todo caso, mejorar claramente las deficiencias objetivadas. También era frecuente hace años ver chivos portando un anzuelo triple. Esta improvisación mejoraba sin paliativos la clavada de la lubina; pero, en su contra, siempre apuntó un mayor e insidioso índice de enroques, harto complicados de salvar.

Nos preguntamos a menudo cómo actúa el chivo. Le he dado vueltas al tema, años de contemplación y discusión con multitud de compañeros. Al final, entendemos que el plomo es un simple agente capaz de vehicular el señuelo. Puede que en el acto de movimiento sus contrastes plateados acerquen la visión de una librea de pez cebo, pero no es lo fundamental.

El pelo se agita, se contornea en la corriente. Sólo hay que hacer una prueba a nuestros pies: un movimiento atractivo que asemeja el meneo inquieto de un mújol, o un lanzón.

Algunos fabricantes exceden la longitud de la cola. Es bueno recortarla, de forma que sobresalga un poco desde el final de los anzuelos. De otra forma puede suceder que fallemos picadas, ya que la lubina aprisionará el pelo -¡y sólo el pelo!- en uno de sus violentos ataques.



En cuanto a la tonalidad más efectiva, será éste un aspecto variable de acuerdo con los gustos del aficionado. Normalmente, con mar tomado se suele preferir el tono oscuro (de castaño a negro brillante) y con mares más calmos o en semipenumbra podemos probar suerte con pelos claros. Las tinciones y los pelos sintéticos, especialmente con tonalidades anaranjadas (gradación hacia un bermellón “sangre”) son muy eficaces y me han dado inusitada alegría en toda condición; pero, todos ellos reivindican una probada efectividad.

Los pesos van en una estratificación a partir de unos 40 gramos hasta los 120 gramos, como límites más frecuentes y aceptados; en ocasiones, vienen marcados por el fabricante con un número, con una X (cada una equivaldrá normalmente a entre 12-15 gramos), o con una cifra  impresa en el envoltorio.

Va en gustos decantarse por unos u otros; mas, también irá asociado al estado de la mar y otra serie de parámetros actuantes. Para cubrir todo el espectro de posibilidades, no han de faltar los de 40-50 gramos (mar calma, tardes semipenumbra), los de 70-75 gramos (habitual en otoño con marejada y fuerte marejada, durante todo el día) y los de 85-95 (cuando grandes corrientes  inhabiliten los más livianos, con mar gruesa, con viento limitante de frente...).

Los formatos “delta”, “piscis” y “oval” son muy empleados: el primero es de aspecto aplanado, adecuado para el trabajo en poco agua ya que sus alas aplanadas le permiten “volar” sobre la espuma; el formato “piscis” intenta reflejar la librea de un pez, pero resulta tosco y deberemos poner mucha atención; pasa lo mismo con el oval, con tendencia a enrocarse si no observamos un mínimo de atención en el procedimiento de recogida. Estas denominaciones ( amén de otras, como “peón”,  pues intenta simular a un chucleto, o el tipo “flecha”, y otros diseños con aspecto ondulado...) parecen haber sentado “catedra” de forma que, con mayor o menor variación y acierto, se vislumbran en los catálogos de los artesanos.




No es tarea fácil adivinar datos específicos sobre el diseñador o productor, circunstancia que contribuye a elevar el grado de incógnita de un producto altamente distribuido, sobre todo en la faceta noroeste de la Península Ibérica.




En cuanto a los precios, estos resultan en extremo variables: para un modelo plano de 75 gramos  va desde los 1,2 euros la pieza a más de 2 euros, dependiendo del establecimiento, la zona de adquisición y el formato, lo que da una clara idea de la falta de normalización.


Continuará...



8 comentarios:

  1. Olá pescador!
    Muito bonito o local. o mar estava batendo bastante.
    Abraços.
    http://pescalitoral.blogspot.com

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  2. Hola Sargoloco!
    Me gusta el chivo y me gustava de tener algunos, pero en Portugal no hay venta ...
    Es un buen sunuelo de cuando el mar está grande ...
    Buenas fotos..
    Un saludo

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  3. Bonita entrada,Carlos.
    Felicitaciones por las fotos.

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  4. Hello Carlos.

    ¡Solo tú podrías dedicarle una poesía tan hermosa a un pedazo de plomo con pelo de cabra y dos anzuelos atados con un cordón!

    Yo personalmente he tardado mucho en leer esta entrada por ser (en el fondo) Guiri. El diccionario en una mano y el ratón en la otra. Te lo agradezco mucho. La verdad cuando se trata de leer siempre intento leer en el idioma original si se trata de castellano o inglés y tiro por el inglés cuando el original sale de estos dos idiomas. Muchas gracias.

    No puedo dejar la cosa así y siento tener que decirte que; Plumear, plumearas tu cariño, amor. Yo Rapaleo, Chiveo o Espineo. ¿ok? jejejeje.

    Un abrazo. Frank

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  5. buen peixe carlos!!!
    donde este el chivo que si quite el resto, hablando cuando hay mucho mar, para mi no hay quien lo desbanque cuando de mala mar se trata.
    un abrazo meu

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  6. Carlos, inmejorable artículo. Gracias por compartirlo.
    Un saludo

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  7. Enhorabuena, que razón tienes en lo de los nombres:
    rockfishing = Pescar na pedra.
    surfcasting = Pescar na praia.
    spinning = chivear de toda a vida.
    etc etc... estamos en una época que todo tiene que ser fashiong o como carallo se diga, es lo que hay.
    Un abrazo.

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  8. Muy bueno,señuelo por excelencia por los cantiles en invierno.Cada vez que bajo al Cabo se me nubla la vista con historias de los "paisanos".

    Un saludo

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