sábado, 10 de diciembre de 2011

“Sé que bajo esa piedra, hecha fantasma por el mar, se esconde. Quizá no hoy, ni en treinta amaneceres. Pero tengo tan seguro, como vibrante el pulso por este robalo, que ahí estará otra vez, quizá en febrero…

¡Cuánta energía…! cómo calcular tal revolución de átomos. Sales marinas, que se agitan y espuman; turbio aluvión, de fluvial cinta transportadora; más y más restos, de todo: natural vivo, gozoso…de piedra, río y monte; y, de nuestra trágica cosecha,  artificial contaminante...todo ello en un sistema centrífugo, enchufado a un generador a mil millas gestado.

Invierno es la palabra, que se lee rápido en la lozanía; mas se adormece, como un eco, en cuerpo marchito…pero invierno, al fin y al cabo.

Cotidiano ritual, fácil a ciegas. Y camino adelante, que cada metro de cantil apaga una migaja tan insidioso quemazón.

¡Calienta, calienta!

Van cincuenta… no, ¿setenta ya?…metros de esperanza, cavando espacio. La espera de una vida, ante la incertidumbre.

Me invaden recuerdos. ¿Nostalgia por edad? no, que muchas lunas me esperan, supongo no sin cierto atrevimiento…veo a mi difunto tío, Ricardo, de poza en poza, tentando al octópodo. Equilibrio emocional, tranquilidad. Una vez aquí, otra más allá, sin dejar una sola grieta por mirar, diría auscultar. 

Me impregno de esa forma de ver la vida: un lance aquí, otro allá…sin esperar más que el flash del momento, quizá en un instante explotando, en fuegos agostinos, por el favor de una lubina. Efímero pero aplastante hervor que dilata arterias y labra surcos en una piel ensalitrada”

2 comentarios:

  1. Preciosos sentimientos y preciosa exposición prosáica.
    Enhorabuena Carlos, una vez mas como todo lo tuyo: ¡ PERFECTO! , gracias por compartirlo.

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  2. Bravo Carlos.. Ese hombre volvio a nacer y creo que no exagero porque estos casos suelen acabar muy mal..
    No debemos arriesgar tanto.
    saludos

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