sábado, 4 de febrero de 2012

Os cabalos da Vixia...

Os cabalos da Vixia pacen mirando ao mar…

Roca granito, de liquen tapizada; vieja, oronda, machacada…mirando al mar. Mil generaciones de humanos es nada ¿Cómo perdurar?

Quince años atrás, fuerte piernas, infatigable dominio desde el precipicio. Cómo puedo ser piedra, hierba, salitre y alga. Una suave caricia que transfiere del musgo la humedad; un aroma que llega, quinientos metros más abajo; un graznido de montuno arrendajo;  un calor que asoma en un alba de enero.

Équido quisiera ser, de monte y peña. Vertebrado inteligente, remontando sin aspavientos desde el veril, una y otra vez, sin resuello. Feliz en tanta soledad; miserable en su pobreza. De pelambrera polvorienta y enredadas crines. Mas, ¿qué envidia al corcel de campeonato, enclaustrado en  un establo cinco estrellas? ¡nada!

Así quisiera ser, de aquí a la eternidad. Sueños que  se desnaturalizan cuando el hombre comprueba su cercano telón. Porque siempre está cercano ese día, en que  tendones y vértebras cancelen su contrato. Y ¿qué quedará? pues, la inmortalidad. Ese deseo, ése anida firme y sigue ahí, como sensación que invade en un paseo al borde de los cantiles.

Es una idea, que no sucumbirá al paso del tiempo. Un goce que permanecerá en el momento del último aliento y, por tanto, será perenne. Y viajará en las vivencias de mi hijo, y en las tuyas, querido colega, y así será inmutable.


2 comentarios:

  1. Mientras gozaba del texto sonaba el Vide Cor Meum de Patrick Cassidy. La sensación es extraordinaria..
    Saludos.

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  2. Julio, gran música de fondo, sin duda teñida de verdes irlandeses.
    La verdad es que estas singladuras tan efímeras por estos cantiles despiertan en mí sensaciones cargadas de romanticismo.

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