viernes, 13 de abril de 2012


Se me ocurrió que no tenía otra forma de pasar el tiempo. Bajo esa arista de protección esquivaba el agua que, a raudales, se encargaba de inyectar a toda presión este viento de norte. Frío molesto, hiriente, venía de vez en cuando, como acostumbra todo temporal de este cuadrante.

El tiempo parecía dar una tregua, para lo que está siendo un tardío invierno. Así que fui a dar un paseo por los acantilados habituales. El familiar recorrido dio como premio unas  preciadas vistas, con aire claro y fuerte marejada, que había decaído desde la jornada anterior. No obstante, se atisbaba cómo era cuestión de minutos la llegada de esas toscas nubes, seguro llenas de agua helada.






Así las cosas, me atreví a lanzar algún señuelo, actividad que frené a tiempo, para trasladarme a una zona más protegida y buscar refugio. Puede que no sea el mejor pescador, ni el mejor fotógrafo…pero sé ver cuándo  resuena la sirena, ese momento de recogerse, que ya no está uno para mojaduras inoportunas.


Y así, ya sometido a un oculto crepúsculo, sufriendo por todo avatar ese aire que patina por la piedra y rebota en los riñones, pero a salvo de la impactante lluvia, miraba para los señuelos que había estado empleando, sin suerte claro está.



Las horas de uso otorgan experiencia, y forman una opinión más contrastada. Con este artificial pasa como con todo: una imagen primaria, un periodo de prueba, otro de reflexión y, por fin, una valoración final. Siendo un vinilo de altísimas prestaciones (distancia de lance, estabilidad, acción…) acaba por presentar tres problemas que afectan principalmente a su integridad estructural. Vayamos con ellos:

-Resistencia plástico: la cola esta dotada de mucha resistencia a la elongación, pero quiebra habitualmente en la zona dorsal a la altura del agujero por el que extraemos el anzuelo.

-Integridad cabeza: todos estos vinilos dotados de jig head suelen basar su acción en una alteración en los movimientos. Suelen golpear bastante con el fondo,  algo que es una virtud que otorga un natural y provocador estímulo para los instintos de la lubina. Pero, como contrapartida, se degradan prematuramente. Y la cabeza del ultra eel se machaca con mucha facilidad en los primeros lances.

-Quizá el punto más delicado: el anzuelo es de curva tipo aberdeen. Por sí misma, esta opción no aporta demasiada rigidez estructural. Pero el acero es grueso de calibre y da al conjunto cierta capacidad. Lamentablemente, el alambre dobla con cierta facilidad. En los frecuentes enroques, esta deficiencia puede que nos ayude a librar algún señuelo. Pero no es tan buena noticia, pues el anzuelo se ensancha. No deja de ser un evento que da al traste con la resistencia primaria. Se hace más blando y, en lo que se refiere a mi experiencia, no resulta recomendable reutilizarlo. Por lo tanto, me da igual perderlo que recuperarlo, pues aunque es fácil volverlo a su posición (con el empleo de unos simples alicates) ya no lo hago, pues no le doy crédito ante la tracción de un potente robalo. Por ello os encomiendo vigilar este aspecto y no fiaros. Visto lo cual, pongo en duda la capacidad, a sabiendas que la solución estaría en montar un buen anzuelo forjado, nada más fácil (ya quisiera que la opinión de este humilde espacio fuera tenida en cuenta, pero…)
 Nota: impresiones acerca de cabeza 40 gramos, que es la que utilizo.

Probé la cabeza ultra eel de 50 gramos. Es más compacta y su peso se nota. El anzuelo es mucho más robusto. La pegué a una cola Sand eel 15,5 cm de Savage gear. No puedo sacar conlusiones, pero con mar de fondo aguanta mucho.


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