jueves, 29 de agosto de 2013

Escenario casi desértico...

Ver los robalos en un acuario puede constituir una fuente de placer visual, pero matizado por las condiciones de reclusión de este magnífico pez; por docenas en la ría es factible contemplarlos, produciendo en el pescador una mezcla de admiración y gusto pero también un sabor -por qué no decirlo- amargo.

En la costa, se hallan desaparecidos, y reniego de intentarlo en aguas de la ría, quizá por el listón deportivo que me he puesto.Ver esos robalos que podrían dar unos momentos  inenarrables al otro lado en una rompiente, mansos y perezosos debajo de un puente... pues casi pensaría que denigran la condición majestuosa de nuestra reina. Pero es así, y lo ha sido desde siempre.

Lo paradójico es que la costa esté tan despoblada: falta de alimentos, sobrepesca, escasez de algas y soporte...así como entraron hace semanas, ahora vemos cómo apenas unas roballizas de tamaño moderado pudieron alegranos una jornada que comenzó pronto. Enfin, resignación y vuelta a empezar.

Manipular unas fotos tomadas hoy mismo es una tarea que me hace disfrutar. Sé que a muchos no os gustan así en este formato, pero a mí me sigue pareciendo atractivas. El gran angular magnifica el tamaño de una roballiza de unos 55-60 cm, como forma de visualizar la belleza natural. Es lo que hay...