sábado, 28 de junio de 2014

Buenos mares, pescador a la espera...



El pronosticado cambio se vislumbró ayer con perfecta cronología. A media tarde, un encapotado cielo atesoraba energía por momentos. Mutaba el semblante de la gente, que aleatoriamente inclinaba su mirada hacia los metálicos y amenazantes nubarrones.

Yo lo esperaba, con nerviosa inquietud; tantos días de “morturas” habían dejado mi  “cerebro pescador” en dique seco. Salvo un par de placenteras jornadas en que la curiosidad por testar la morethan pudo con mi desinterés, el resto del tiempo se sumió en un periodo insoportablemente largo de parada obligada.

“Ahora pinta bien”-me dije...sensación que apenas puedo describir, porque me embarga profundamente. Es una mezcla de control y excitación: saber que el mar aumenta, que los robalos pueden entrar en los spots que frecuento; disfrutar de ese estímulo más bien juvenil, para un veterano pescador de costa.

Viendo el parte meteorológico -que daba mucha lluvia para hoy, mañana sabatina- me incliné por visitar un par de posturas ya mismo.  Sabía bien que con esta altura de onda, estarían en óptimas condiciones.


Pero también era de pronosticar que  las nuevas condiciones levantarían algas, que es época de crecimiento de laminarias. Y así fue, por mal que me pese, ya que me costó realizar algún lance provechoso. Bajando la marea, una y otra vez se empeñaban en tapar mis señuelos. Aún y todo, los primeros metros de recuperación podían haber dado la sorpresa, pues el mar presentaba unas inmejorables condiciones. Me extrañó que no hubiera algún buen robalo en ese reducido espacio, pues conozco bien cómo funciona la postura.


2ª fase: bueno es contar con más opciones. Es el momento de la duda, cuando estás en un “tris” de retornar al calor doméstico. Con el fuego interior encendido, poco importa la humedad recibida tras dos horas peleando contra los elementos. Ni siquiera me cambio, a costa de mojar la tapicería del coche; he de llegar a tiempo de ver y hacer mis cábalas…


Mar perfecto, en un spot que lleva tiempo negándose a dar sus frutos otrora supremos. Pero si algo me caracteriza es seguir escrupulosamente los mandamientos del apasionado. Y uno de ellos reza así: “lo que fue bueno, es y será bueno…” aunque pasen largas temporadas de vacíos. Pero las lubinas gustan de ciertos  enclaves y acaban por acudir a ellos.

Lamentablemente no hubo manera ante la ausencia de lubinas de porte, aunque disfruté de un intervalo de actividad, pero que solo afectó a varios ejemplares menores (que como de costumbre fueron devueltas a su elemento)

Señores, este deporte-pasión se vuelve muy complicado, envuelto cada temporada un paso más en su degradación. Hemos de aunar afición a toda prueba y un alto sacrificio. Y tampoco este combinado nos dará frutos seguros. La unión de un carácter inconformista junto a una visión escéptica de la vida son normas fundamentales de la filosofía actual de todo aquél  que se adentre en la pesca de esta especie, sobre todo si nos referimos al spinning desde costa.

A una hora irregular para mis hábitos me retiro, tras dejar un shore line en la boca de un pez que me “limpió” el leader (suelen ser congrios grandes, que cabecean y en cuanto les metes un poco de presión te machacan el bajo de línea sin más)

Ya estoy pensando en volver, quizá a la marea de las doce o al crepúsculo. Tengo al lado mi tesoro, y lo he de aprovechar mientras viva. Sé que estas mareas también sonará el freno del carrete, porque al final soy un tipo con suerte y las lubinas me quieren con robalo-locura, je, je…

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