domingo, 11 de enero de 2015

Errores, providencia y ganas de contarlo.

Errores, providencia y ganas de contarlo. 

Estas pasadas fiestas navideñas pude contar con más tiempo. Lo aproveché, ¡vaya que sí! dejando la estela de mi reverente paso acá y acullá: desde los pedregales tapiegos hasta territorio pixueto, al menos veinte posturas tuvieron ocasión de dar la bienvenida a este individuo. 

Tanto esfuerzo tuvo el premio, pero no guinda; las lubinas, absolutamente desaparecidas, me dieron la espalda. Entonando para mis adentros un estribillo del tipo “¡qué estará pasando, dónde estarán; los roballos por el saco me están dando…!”, acabé por asumir esta agria perspectiva. 

Las imágenes de esas playas y cantiles, bien grabadas en lo más profundo del encéfalo, sirven de consuelo ante un pesimista panorama. Ahora, incorporado a mis quehaceres y responsabilidades, las jornadas serán más esporádicas. Me quedarán los sábados, siempre gracias a la colaboración de mi familia, que me entiende y comprende. 

Así las cosas, puse rumbo solitario a un tramo de costa capaz de soportar el temporal de poniente. El mar está muy pasado, pese a la persistencia del anticiclón. Un acceso sin incidencias y una planificación lenta y meditada, desde el comienzo del flujo de marea. Las perspectivas, empañadas por la certidumbre que en estas posturas los sargos hace tiempo que no pululan en cantidad. A sabiendas de este factor tan importante, me decline por este spot, quizá por motivos sentimentales. 



Con paciencia y poniendo el aparejo en los lugares adecuados pude tentar algún espárido glotón. Las picadas fueron contadas y al final una docena pudieron combar la caña de siete y medio. 



En el pero, los errores de principiante, as saber: 

Dejé la caña encima de un promontorio mientras iba a buscar la mochila. Una ola imprevista me la lleva y la golpea violentamente. Llego a tiempo del rescate, tirando de la puntera. El carrete, mojado (aunque no ha sido problema, pues el TP 5000 SW aguanta mojaduras, siempre que sean rápidas). En fin, salvada “por los pelos” 

Al final de la jornada me parapeto en un saliente. Para pasar dejo el cubo de macizo y el cebo y otra ola me lo lleva. Bueno, ¡esto ya es para preocuparse, en qué estoy pensando! Lo que se transforma, a la postre, en una bendición, pues me obliga a tomar la retirada. 

Sin cebo y visto que los sargos tampoco estaban por la labor, camino hacia delante a buscar el vericueto en el terraplén. Subo y compruebo, con tremenda desazón, que la trocha está absolutamente tupida de tojos. ¡Puñeta de primera! Empiezo a caminar, desbrozando, pero me retiro. Es un trecho demasiado largo hasta el tramo de salida, por encima del cierre de marea que pasé a bajamar sin la suficiente previsión (creí, que el camino por arriba estaba abierto). 
¡Huyuyuy! la noche se cierne y me quedan dos opciones, pues por abajo no podré pasar, salvo esperando la bajamar, algo que ni me planteo: la una, remontar y dar un penoso ascenso y una caminata de órdago para llegar al coche; o bien ascender por el cantil inmediato al paso, con lo que me quedarían solo unos 30-40 metros para poder llegar a la playa contigua y tomar el sendero inicial. 
Espoleado por la inmediata oscuridad tiro haciendo pasos lentamente en el prado inclinado. No son más de quince metros. Llego y doy un paso complicado. Bajar ya no bajo, que a ver cómo lo hago. Solo queda una opción y no pasa por entregarse y empezar a temblar, ja, ja. Estos cantiles bajos asientan arriba tojo, pero está muy quemado del salitre. Así que unamos a tanta precariedad la falta de agarre. Meto los puños en el fondo y empujo. ¡Dios, el terreno se va a mis pies! “¡qué coño hago yo metido en este berenjenal!” me da tiempo a pensar mientras me agarro como si mi vida dependiera de ello (y mal que me pese dependía, para qué nos vamos a engañar…). Os aseguro que no están las cosas para otros pensamientos, que no sean empujar y empujar hasta dar con un leño robusto al que asirse. 

¡Uf, ya estoy libre! Suerte, sin dudas: salvé la caña, aunque con algún desperfecto; perdí el cebo, algo providencial para encarar el retorno con suficiente tiempo; pude remontar, con cierto estrés, pero pude…cambiarse, una cerveza reparadora y un asado de costillas para desentumecer, sin olvidar un combinado con tónica para restañar heridas. Mañana será otro día… 

En fin, amigos míos, una historia corriente en estas aventuras pesqueras. Plena de errores, que no suelo cometer…pero el que esté libre de pecado…os quedáis cortos si pensáis que estoy loco… 


13 comentarios:

  1. jajaja, bueno, me alivia saber que no soy el único que empieza a estar "mayor". un abrazo amigo

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    1. No sin cierta amargura le veo la caara a los 50 años. Una "losa" que debo empezar a sobrellevar, amigo. Un combinado nada adecuado ente peso y edad, y voy notando esa pesadez. Pero bueno, terco como una mula de carga,ja,ja. UN abrazo.

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  2. Creo que todos cometemos errores asi o mayores, y a falta de lesiones ( que es lo de agradecer...) esa sensacion de querer y no poder, con la subida, con el paso cerrado, con la escalada tras la pesca, es horrenda, mas la incognita que el resultado, la ultima de mis aventuras de explorador encerrado acabo con 7 km de camino donde no lo hay, con pared de la que no se sube pero no quedaba otra, y los compañeros muy asustados cuando llegue a las cercanias del coche, por el " camino " eche la bilis 3 veces, ( no se si del miedo o del esfuerzo...) pero joder llegar vaya que si llegue, y cuando los vi me entro la risa tonta y nerviosa, a estas alturas y todavia me pasa esto, que grande es la mar...un saludo Carlos y enhorabuena por superar tan contraria situacion, muchas veces descuidamos inmersos en el medio y luego llegamos a casa pensando ¿ por que coño hago yo esto ? jajajajajajajaa

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    1. Ricardo estoy para contar muchas de estas. Afortunadamente y espero que por años. Un "mal trago"Lo pasa cualquiera. Cuandno salieste te encontraste de puta madre, seguro. Bueno, asçi es la vida. Un abrazo.

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  3. Precioso sargo....que color!!
    Los relatos como siempre para quitarse el sombrero,bendita locura.
    Un saludo

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    1. daniel, que se nos siga bendiciendo porque no sabe uno dóbnde la tiene esperando. UN saludo.LO pero es la confianza y los lugarese"fáciles", pues todo se complica en un pispas.

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  4. Afortunadamente,todo ha quedado en una mera anécdota ,pero hay ocasiones en que estas cuestiones se complican,con desenlaces imprevisibles,y quizá no tan favorables.A mi ya me tocó en una ocasión,tirarme al agua a rescatar la caña que se me había llevado una ola.Claro que fue hace ya mucho tiempo,con bastantes menos años y más agilidad sin duda.Hoy,con total seguridad,no lo repetiría.

    Saludos,Carlos

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    1. Justo, ya las historias que no se cuentan, que es como si no existieran salvo para ti mismo. Me "traicionaron" los toxos, una vez más. Pero bueno, hay que mirar p´alante. UN saludo.

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  5. Por encima de todo lo vivido, está el haber salido victorioso para contarlo.

    Espero que el recuerdo de la experiencia no te haga volver a vivir algo similar.

    Saludos

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    1. Josiño, lamentablemente, sé que tendré más percances de estos.Vas "Librando" y a final, tomando las medidas apropiadas y con la experiencia, salvas muchas situaciones. Pero el peligro CERO en el mar no existe, ni siquiera en una playa en verano. Con todo lo que he vivido y la peor lesión ( el hombro) fue en una caída tonta, con lo cual se demuestra que la atención es lo más importante. Y en las situaciones más embarazosas nunca me ha pasado nada, pues ahí vas con los cinco sentidos.UN saludo.

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  6. Carlos ,son heridas de guerra que por lo menos contamos y es de sabios reflexionar sobre lo ocurrido ,creo que todos hemos sufrido algun contratiempo como el tuyo, sin ir mas lejos a mi me llevó la mochila una ola hace poco y no me llevó a mi de milagro, pero seguiremos bajando al cantil ,la aficion nos puede, solo que habra que ir pensando como bien dices, los años , los kilos y que nos descuidamos un poco tal vez.
    Un saludo

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    1. Pepe, afortunadamaente son pocas y eso, como dices: "podemos contarlo"...aunque otros , lamentablemente, han perdido la vida. Hay que tomar mucho cuidado, especialmente ahora con el auge del spinning y las "cañitas" de 3 metros. SI me ciño a la experiencia, he de reconocer que tenía más caídas antes-aunque dolían menos,je,je...-i, pues ahora vas con pies de plomo, aunque un despiste en zona de confianza es lo peor, como me pasó el otro día. Enfin, duramos poco y nuestra experiencia es limitada, hay que reconocerlo con humildad. UN saludo.

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  7. Menos mal que quedo en un susto carlos,creo que todos cometemos algun error y luego te das de cuenta de lo cometido y te hechas unas risas pero con algo de acojone,je,je,cada jornada de pesca que hacemos como empezemos mal esta claro que se termina liando,o te olvidas de pasar el trenzado por alguna anilla,etc...y muchas anécdotas mas,creo que aveces andamos dormidos,je,je,un saludo Carlos

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