sábado, 7 de noviembre de 2015

Apoyado en la barra de este familiar restaurante de carretera. Un espera tranquila, cuyo anticipo ya advierte ese olor a cenizas.

Me resulta imprescindible mantener, de tanto en cuando, esas "excursiones". Con los días menguantes, la carretera y el cantil prematuramente oscuros me regalan sensaciones de sosiego y emoción por partes iguales.

Las lubinas, desaparecidas. Estoy engañando pequeños ejemplares, pero no sé de grandes róbalos desde hace semanas.

Forma parte de la esencia del pescador. Conviene aceptarlo, sufrirlo y saber que estos altibajos siempre estarán presentes en la vida, es lo natural...





2 comentarios:

  1. ya vendrán las vacas gordas Carlos... ya lo harán...

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  2. Si que están escasas Carlos. A ver si para navidades entran las grandes. Un saludo

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