Especializado en la técnica de pesca de la lubina ("Dicentrarchus labrax") con señuelos artificiales "No, no vivo de la pesca; mas sin la pesca, no vivo..."
miércoles, 9 de noviembre de 2016
Desde hace un porrón de años resido al lado del mar, con lo que mi sueño se hizo realidad. Sin embargo, hay temporadas en las que tengo la sensación de vivir a cinco años luz alejado. Puedo verlo, incluso olerlo, pero a pesar de estar tan cerca, no puedo saborearlo como deseo. Reconozco que mi relación con playas y pedreros es profundamente enfermiza. Atañe a lo más profundo de mi ser y no puedo evitarla. En ocasiones quisiera poder cortar este abrasador cordón umbilical, vano intento. Dispongo del tiempo justo, no hay para más. Me pierdo mareas, mares robaleros y tiempos gloriosos, y he de aceptarlo con resignación de veterano pescador de vara. Pero, a fe de ser sincero, me duele, me punza en el alma. Estos parones en mi antaño patrón de pescador de día a día, causan una desazón casi inexplicable. Espero impaciente esa jornada en la que mis obligaciones y responsabilidades dejan espacio para los sueños. No se trata de pescar, ni de pasear por el cantil; es la hibridación de ambos mundos,que prendió en mi ya en los años 70 del pasado siglo. No es por matar peces, ni cargar la nevera; es mucho más, es una metáfora de mi propia vida, cargada de relaciones sociales pero en que predominó siempre mi gusto por los parajes marinos, su ecosistema y, como fondo de todo, un cierta dosis de introspección incurable. Y la pesca con caña, como arte tan intrínsecamente unida a la roca y al agua salada, me otorgó las herramientas para saborear mi mar como no podría degustar ninguna de las tentaciones más terrenales. Es el espíritu el que se impresionó con esas majestuosas vistas desde la garita de herbeira; el que sucumbió, a esos atardeceres bajando a la mala entrada; el que se dejó prendar por ese olor que la marejada deja en las pozas, un otoño cualquiera; el que durante mi infancia me impulsaba a pasar tardes enteras en el malecón de Luarca...y ese es mi principio y mi fin, y esos peces, tantos peces, responden al equilibrio entre lo que el mar me ha dado y lo que me ha quitado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
-
Tengo confianza en mí mismo, y no la voy a perder. Pero nunca creí que por mi zona la "cosa" se pondría tan mal. Está toda l...
-
Ayer por la tarde noche me animé al ver que se metió mar, tras estos días de mansedumbre. Tenía ganas de probar un color UV del black y el w...
-
Sentía su frustración insoportable. Al salir, cariacontecido, tiritando, triste y cabizbajo. - Papi, te he fallado, siempre te defraudo.....
Creo en mi modesto entender Carlos, que la vida es la que nos ha tocado vivir y tu eres afortunado por no decir privilegiado pues has logrado el sueño de la mayoria de pescadores que es poder vivir a su lado saboreando como tu mismo dices esos olores a mar en todas sus variantes. Tambien la vida nos ofrece otras cosas que con el tiempo sabemos valorar mucho mas,aunque eso lo dejaremos para otra charla mas filosofica, lo que nos ocurre es que necesitamos estar en contacto con el mar como el drogadicto necesita su dosis ,evidentemente salvando las distancias. Estamos en la estacion del año en la que nos volvemos mas reflexivos, otros le llaman melancolicos ,que mas da ,seguiremos bajando al cantil o a la playa mientras nuestro cuerpo aguante y aun asi, siempre nos quedaran los sueños.
ResponderEliminarUn abrazo Carlos
Un abrazo, compañero de verso.
EliminarEs,simplemente,la sintomatología del virus que,sin saber como,nos fue inoculado hace ya tanto tiempo . Intentar erradicarlo es un intento vano . Moriremos con él.
ResponderEliminarSaludos,Carlos
Incurable, justo.
EliminarBuenas Carlos...
ResponderEliminarMe ha gustado mucho tu comentario de ... "No se trata de pescar...". Efectivamente, es algo más. Muchas veces me preguntan cómo, nervioso como soy, aguanto tanto tiempo con la caña en la mano. Siempre les respondo que, si no fuera por eso, me habría dejado un pastón en psicólogos. No es solo pescar, es ser libre aunque sea un rato...
Fernan
Es esa sensación, Fernando. Y nos hace raros, quizá. Un abrazo.
EliminarMuy buen texto Carlos, da gusto leer cosas asi.
ResponderEliminarTodo no va a ser pesca.
Un saludo!
La pesca es el cebo que nos atrapa. Saludos, colega.
EliminarYo vivo lejos del mar que más me gusta, aunque tengo a tiro de piedra la ría.
ResponderEliminarSin embargo, mi espíritu se alimenta con los entornos fluviales, parajes similares a los lacustres y cualquier ambiente yodado. Y todo esto aderezado con naturaleza, historia y gentes singulares. Y es que cada uno padece distintos síntomas de una misma "enfermedad"
Sólo espero que no te vacunes y que puedas pescar tanto como desees.
Saludos
Cada día que pasa sin visitar mis rincones favoritos es un dolor, porque sé que ya no me quedan tantas oportunidades como antes. Sufro, de veras, y cobardemente me lamento.
EliminarMuy buena reflexión Carlos un abrazo desde Luarca
ResponderEliminarSaludos, Pedro, y que venga bien tiempo para el roballo que estos los nos falló
EliminarSi, a veces pienso que la mar es sòlo nuestro reflejo interior y como tal, muestra temporales ,bravas revolturas,respiraciones acompasadas o calmas chichas y que en cada momento nos dà justo la dosis de lo que sea para bendecirnos, o bien, todo lo contrario.Vivan los pensadores!!!
ResponderEliminarBuena reflexión JJ y bien expuesta. Somos una vaga de mar entre mil millones desde que el mar es mar.
EliminarSi vieras con que ilusión miramos todos los días por si has escrito algo te serviría de analgésico para esos momentos malos.abracito.
ResponderEliminarSi vieras con que ilusión miramos muchos si has publicado algo, te serviría de analgésico para esos momentos malos.Abracito.
ResponderEliminarGracias, Dino.
Eliminar