viernes, 17 de febrero de 2017


 No hay fecha en el calendario marcada con la palabra “robalo”.  Cada marea  ahí quisiera estar, pero no puede ser. Ese cordón umbilical se desconecta, y me entristece. Sería un apéndice más, de esa peña que el mar bate; sería ese viejo barbudo de aspecto desaliñado, caña en mano; sería ese bohemio, de caseta de madera y fuego de leña; sería el vigía, con otero desde el cantil que da a la playa virgen; sería ese personaje extraño, atribulado, filósofo del salitre…soy un cincuentón, con limitaciones cada luna más evidentes: el cuerpo, se resiente; el tiempo, en decadencia; la lubina, ausente. Y sería ése, portador de la vara entre pinos de ribera, siempre de reojo viendo la resaca, ahí abajo, donde baja a ese pedrero del cual los cangrejos escapan. Ahí estaría ese hombre, meditando  en soledad, en la más profunda y melancólica postura de pescador empedernido, de drogadicto de la espuma, del aroma a algas, del tacto de la piel del robalo cobrado. Envejecemos,   sí; pero el mar… el mar  también se muere

5 comentarios:

  1. Toda la razón... Estamos viviendo la agonía del mar... ¿Pero mientras haya espuma hay esperanza!

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  2. Cada día es un triunfo y aunque no lo sepas eres muy joven. Seguro que conoces a muchos que murieron muy mayores con las botas puestas. Cuando no se pueda llegar a ciertas puestas se irá a otras y cuanto menos buena sea la zona más valor tenrán las capturas.Esa es mí filosofía.A cuidarse y sigue así. Un saludo.

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  3. Me niego a que algo tan irreal como el tiempo dirija mi vida,y a los que os haga doblar la voluntad y la columna ...que el universo os ampare que Êste de aquì seguirà pescando.Un abrazo a todos!!!

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  4. Que sabias palabras Carlos, aun nos queda cuerda el problema es el mar que se va quedando sin vida.

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