martes, 2 de mayo de 2017

Cada robalo que pesco genera una experiencia única. No me canso, y solo siento nostalgia del último encuentro y necesidad de un nuevo combate. Mi retentiva es tan frágil que preciso una
evocación que me haga revivir experiencias pasadas. Guardo solo una imagen imprecisa, emborronada por culpa de los fallos en mi recuerdo. No obtengo claridad, y menos mal que acostumbro, de un tiempo a esta parte, a guardar unas fotos. Echo de menos más capacidad en mi cerebro, que me dé un reflejo más pulido, fiel y tangible, no tan sombrío y químico. Tampoco podría enumerar, si acudimos a las frías cifras, los roballos que he pescado. Guardo una traza de memoria de tantos y de tantas vivencias…y no me sirven de nada, no aportan un final a la obra de teatro que es la vida. Es como un remake continuo, la versión indefinida de un filme ya visto. ¿Cuándo pararé?, odio pensar en ese momento. Casi ruego que la naturaleza me evite tanto lamento y serene mi mente, de forma que pueda encajar una jubilación plácida sin agobios. Hoy por hoy, sufro porque esos momento pasan fugazmente y anhelo su repetición, porque cada robalo es diferente, un ser vivo en su medio, y un pescador que arriesga su pellejo sin un motivo pragmático al respecto. La pasión lo hace todo, nos cautiva como hombres y distorsiona la realidad hasta volverla un cuadro de Dalí. Memoria es lo que hace falta, y un tiempo infinito que permita encadenar un sinfín de lances, sin miedo al final.

2 comentarios:

  1. Me he jubilado hace muy poco. Es una nueva situación mental. Pero maravillosa. Cogelo asi. Por cierto eres un crack

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  2. Aún me quedan lunas. De crack, nada: un escéptico, que vive mejor bajo nubes grises de otoño; un pescador empedernido, de visión pesimista. Me encantaría trasmitir otras sensaciones más positivas, pero ése ya no sería yo. Un saludo.

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