lunes, 22 de mayo de 2017

La costa de Oleiros expresa un carácter mil veces rasgado. De tantas heridas surgen las furnas, labradas por el impulso milenario del mar embravecido.





Como en tantas ocasiones, he dado un largo paseo, sorteando obstáculos en los aledaños del Seixo blanco. Es un territorio familiar, sobre el que he pisado miles de veces. Pese a ello, sigo sin saber el número exacto de estas formaciones tan características.




Disfruto como el primer día, llevando la aventura hasta el final, esto es, entrando en tan lúgubres escenarios. Una sensación maravillosa, que te acerca definitivamente al más primigenio impulso explorador.

¡Cómo no, también eché unos lances! Lamentablemente, el resultado fue infructuoso, como acostumbra este tramo de litoral tan castigado. Esos años, tan recientes en la memoria, en que mis partidas de pesca eran una suma de robalos, han pasado.

Terminé bajando la vertiente oeste del mirador. En la esquina al pie de la furna, me gusta lanzar al costado de un peñasco. Vano intento, pero reconfortantes recuerdos.



Al subir, me despedí con una foto de un nido de gaviota imprudente. Espero sea respetado, y de esos huevos pintones nazcan unos sanos polluelos. Y que esas crías vean un mundo mejor.




2 comentarios:

  1. Pues como buen conocedor, pdias hacer una catalogación de todas las que conoces, ubicándolas sobre el Google Earth o similar.
    Los pollos de gaviota nacerán, pero no creo que sus padres le "hablen" de un futuro alentador ... en cuanto a pesca, parece que se atisba lo mismo.

    Saludos

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  2. Mas de lo mismo Carlos,por doquier el mismo panorama lugubre, poco peixe por la costa y esto es reiterativo ,que futuro nos quedara para los pescadores deportivos..... lo veo mal muy mal, pero siempre nos quedaran los amaneceres y preciosos crepusculos a pie de cantil .
    Un Saludo

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