miércoles, 3 de mayo de 2017

Si veis, la pesca recreativa no deja de regirse por pautas comunes a lo mas mundano de esta vida. El éxito y el fracaso se contienen en barreras tan livianas como inalcanzables. Eso considerando  que nuestra débil personalidad se vea perturbada por estos asuntos terrenales.

Calificamos la pesca, su pleno desenvolvimiento, por el índice de capturas. Son muertes de animales, de peces generalmente teleósteos. Nos lo permitimos, como consecuencia de la tolerancia que nos aplicamos en función de considerar esta actividad como un acto inherente al alma humana. También sabemos recompensar la generosidad del mar, practicando la liberación de los mismos, de forma altruista.

Pero seamos sinceros: la pesca sin ver el resultado anhelado, por mucho que nos sea compensado de otras formas ( el privilegio de contemplar la belleza del mar, el ejercicio físico en un entorno natural...) acaba por perder su sentido. Ahí entra la capacidad del pescador, de su entrega y dedicación;  de su paciencia, perseverancia y escepticismo.

 El desierto te somete, siendo tan áspero y violento. Pero siempre hay un manantial de aguas pristinas al final de ese tórrido y largo suplicio. Todo el tiempo dedicado, las amarguras pasadas, se transforman y toman forma en una sensación que se evapora como nieve en primavera.

Lo más difícil es mantener el pulso, el contacto con la mar; seguir , pese a la crudeza de los asuntos diarios que nos atenazan, con ese idilio, manteniendo en nuestra imaginación y memoria todo aquello que nos conecta.

En cuanto a mi humilde persona, no hay día en que no vigile el estado del mar, las mareas y la meteorología. Sufro cuando no puedo ver cómo rompen las olas en alguno de mis miradores predilectos. Me lo puedo permitir, un " lujo" de los escasos placeres que la vida me ha regalado.

Ya no vacilo, ni tengo bajones de moral. Sé que tras la sequía, el robalo acabará mojando mis manos. Lo he comprobado durante tantas temporadas... Solo la muerte o la más absoluta incapacidad me separará de estas criaturas, de su ecosistema, de esa costa de belleza inusitada.


5 comentarios:

  1. Si no tuvieses blog,si no tuvieses palabras, si no tuvieses fotos, si no tuvieses comentaristas; si sòlamente te manejaras con una caña ,un carrete, media docena de señuelos y tu memoria ¿Seguirìas pescando?
    SI por supuesto que sì .Ahora es demasiado crèdito el que acumulas y compartes.Asi que con espectadores o sin ellos continuaremos con lo que nos llena...y si esto llegase a cambiar? pues a otra cosa ,que nada es inmutable,pero mientras tanto: DISFRUTEMOS de lo que amamos!!

    ResponderEliminar
  2. Eso es lo importante, el relleno interior. Pero me he acostumbrado a sacarlo fuera, y el blog me da esa oportunidad. sinceramente, ahora no sé si podría volver al anonimato. Y no es por arrogancia ni afán de protagonismo ( hombre, un tanto de amor propio, como todo el mundo...), pero si no comparto algunas facetas de mi vida de pescador, tengo la sensación que todo pasará al olvido. Humildemente, me gustaría dejar algo de mis inquietudes y pensamiento. Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Las sensaciones que nos relatas,son las que todos los adeptos a esta cuasi religión,que es la pesca,y amamos el mar,en el sentido casi físico de la palabra,compartimos.No creo que a estas alturas de mi vida,pudiese adaptarme a residir en un entorno en el que el mar no sea protagonista principal.No recuerdo ahora mismo,quien fue el filósofo que dijo que el hombre es una criatura que podría vivir en el filo de una navaja,o algo muy similar.Sinceramente,al menos en mi caso,yo lo dudo mucho.

    Saludos cordiales,carlos

    ResponderEliminar
  4. Qué razón tienes, Carlos. La pesca nos engancha,y todo lo que ella conlleva, paisajes, jornadas compartidas con amigos, descubrimiento de nuevos materiales, señuelos innovadores...pero, inevitáblemente necesitamos sentir ese tirón, esa picada, esa lucha con el objetivo que buscamos,para que despues de una agotadora jornada,con el cuerpo molido y ya de vuelta en casa,tengamos mas ganas de volver al pedrero al día siguiente. Quizás todavía guardemos en nuestro adn, alterado tras décadas de consumismo y comodidad a la hora de acceder a los alimentos, la expresión de ese gen que nos daba cierto instinto depredador, pescador en nuestro caso. Evolucionamos en técnica, en equipamiento, en conocimiento de un medio que no es el nuestro, pero creo que el avance más importante que conseguimos es en el interior, en nuestra conciencia, en darnos cuenta que este privilegio llamado pesca, que hoy podemos disfrutar,sentir, vivir,... quizás nuestros hijos no lleguen a entender, y por ello tratar siempre de concienciar del respeto que tanto se merece y debemos de dar a ese Mar, al que tanto le debemos. Un saludo Carlos, y enhorabuena por todo lo que haces.

    ResponderEliminar
  5. Quizás la inmortalidad del pensamiento plasmado, sea algo que nos anime a seguir. A alguien le valdrán los consejos, las reflexiones, etc.
    Que la salud rija tu vida por muchos años.

    Saludos

    ResponderEliminar