domingo, 23 de julio de 2017

Quizá el fugaz paso del tiempo sea, al fin y al cabo, lo que da sentido a la vida. En un segundo te puedes ir, como consecuencia de cualquier evento. Ya está, se acabó...

Voy camino de los 52 años. Me acuerdo, como si fuera el otro viernes, cuando entré en la cincuentena. Lo "celebré" a mi manera, pescando un estupendo robalo y dando buena cuenta de un bocata de chorizo.

Lo llevo mal, y así lo reconozco. Tengo un serio problema pues carezco de filosofía que me haga, en su momento, más llevadero ese ineludible paso. Me he acostumbrado a disfrutar la vida  y me agarro a los buenos momentos.

Sabedor de lo que voy a perder, llevo al límite mi pasión por la pesca. Con cada momento de gozo se inicia la cuenta atrás esperando otra repetición, como si de una droga se tratase.

Era un niño cuando alguno de mis vecinos, mitad campesino mitad pescador, se dedicaba a la pesca del roballo. Para mí  era algo enigmático, un secreto que tardé en descubrir. Estoy hablando de hace más de cuarenta años. Es una distancia sideral, que me ha hecho madurar y que ha cumplido biológicamente con esos pescadores de antes.

Las roballiza eran muy abundante y los paisanos con más afición hacían pescas alucinantes. Eso era normal, lo que ahora es absolutamente extraordinario. Esos hombres rudos, que salían a plumear después del madrugador ordeño, tenían metido este "bicho" en su corazón.

Hoy pesqué por mi tierra y fruto de ello me asalta la melancolía y las ganas de rendir tributo a tan admirados colegas de pasión. No me rendí hasta ver cómo el señuelo desaparecía en la boca de un roballo.

Las hojas caen en otoño, y ya hacen tapiz sobre el suelo hormigonado del panteón donde yace el cuerpo de aquel pescador de roballos. El tiempo  ha dejado sin recuerdos esa lápida descolorida. Cualquier día, esa será mi lápida y ése un otoño que no veré...porque en eso consiste nuestro dramático ciclo vital, entre el recuerdo transitorio y el más profundo e infinito olvido.




4 comentarios:

  1. Carlos, hazte con el libro de J.J. Benitez “ESTOY BIEN”. Te dará esperanza y te ayudará a llevar esos momentos de acojonamiento: cuando los güevos se suben parriba y se ponen de corbata ¡Ya verás! A mi me ha ayudao tela: Yo ya los tengo siempre en mi sitio.Ja, ja. Hazte también con los Caballos de Troya del mismo autor (si es que no los has leido ya...)
    ¡Joder Carlos, que peazo de robalo! Ese hay que llevarlo en un avión de transporte. Sigues sin contar el secreto de dónde compras las fabes, o esta vez ha sido el bocata de chorizo...?
    Un abrazo campeón, y ya verás como todo el mundo estaremos bien. ¡Vendrán tiempos mejores!

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  2. Gracias, compañero. Ya se me pasará, es cuestión de tiempo. Mientras tanto, que sigan entrando robalos como éste. Saludos.

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  3. Cuando somos conscientes de que el paso del tiempo también es para nosotros es cuando realmente somos conscientes de qué es vivir y de lo que significa estar aquí; cuando somos conscientes de esos momentos tan pequeños y tan grandes y el valor que tienen ya hemos comprendido gran parte de cómo vivir; quizá a partir de ahí las otras enseñanzas decla vida ya no son tan importantes como la propia comprensión porque el entenderlo ya te cambia y muchas cosas adquieren una tonalidad diferente y casi mágica...vivir con la comprensión de que lo que venga a partir de ahora es algún detallito más sobre algo que debíamos comprender. Después como dice alguien a quien alude el compañero jose manuel 😉 empiezan las vivencias en otro mar y ése sí. Ese sí es real... Al menos eso creo. Enhorabuena por el roballo Carlos

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    1. He dejado atrás muchas cosas, pero el futuro me deja espacio para la imaginación. La pesca estuvo y estará ahí, para servir de bisagra entre yo y el mar que tanto amo. Disfrutar cada segundo...

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