jueves, 22 de marzo de 2018

Veo la gente pasar en medio del tumulto de esa centrica calle bajo el machacón sol de verano. Un mogollón que busca, invariablemente, una cara conocida que exhiba una sonrisa entre el apático gentío. Seguro que están dispuestos para entablar una conversación como forma de contrarrestar la amarga experiencia de sufrir la soledad rodeada de ciudadanos. Y me entristece ver, casi en el olvido, muchos viejos, que han perdido sus raíces, su pueblo en el norte, y su dicha cuando la hubo.


Yo busco ese pavimento empedrado de puerto antiguo, bajo las nubes de enero, el fresco anochecer, la tenue lumbre de una lámpara de calle y un chubasco reciente. Busco ese bar de madera vieja, de ebrios clientes amantes del jolgorio vacío, y posadero cansado y mudo. En esa esquina comienzo a vislumbrar, a través de ese espejo lleno de vaho que con cada sorbo de ron de caña se va aclarando, aquél que fui, soy y seré. Y encuentro compañía en los pensamientos, que sirven de refugio a un alma solitaria.


Ella había dejado atrás esa bisoñez impuesta. Habiendo cebado su cerebro con una lista interminable de títulos de docta procedencia como de la más llana y popular escritura, su intelecto medró , así como su perspectiva y consciencia de la realidad crecían en paralelo. Ello, gracias a su posición alejada de convencionalismos y prejuicios, le dotó de una postura crítica ante el orden establecido. De ello también se derivó esa imaginación, que le hacía transitar entre escenarios mentales tan heterogéneosn y fantásticos, teñidos de melancolía...

2 comentarios:

  1. Cómo sigue? El narrador la está viendo allí o sólo la recuerda? Más...

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  2. Los pensamientos de un ser humano, pescador o no, son un tesoro socorrido en momentos de reflexión.
    Que nunca falten.

    Saludos

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