Se me ocurrió que no tenía otra forma de pasar el tiempo.
Bajo esa arista de protección esquivaba el agua que, a raudales, se encargaba
de inyectar a toda presión este viento de norte. Frío molesto, hiriente, venía
de vez en cuando, como acostumbra todo temporal de este cuadrante.
El tiempo parecía dar una tregua, para lo que está siendo un
tardío invierno. Así que fui a dar un paseo por los acantilados habituales. El
familiar recorrido dio como premio unas
preciadas vistas, con aire claro y fuerte marejada, que había decaído
desde la jornada anterior. No obstante, se atisbaba cómo era cuestión de
minutos la llegada de esas toscas nubes, seguro llenas de agua helada.
Así las cosas, me atreví a lanzar algún señuelo, actividad
que frené a tiempo, para trasladarme a una zona más protegida y buscar refugio.
Puede que no sea el mejor pescador, ni el mejor fotógrafo…pero sé ver cuándo resuena la sirena, ese momento de recogerse,
que ya no está uno para mojaduras inoportunas.
Y así, ya sometido a un oculto crepúsculo, sufriendo por todo
avatar ese aire que patina por la piedra y rebota en los riñones, pero a salvo
de la impactante lluvia, miraba para los señuelos que había estado empleando,
sin suerte claro está.
Las horas de uso otorgan
experiencia, y forman una opinión más contrastada. Con este artificial pasa
como con todo: una imagen primaria, un periodo de prueba, otro de reflexión y,
por fin, una valoración final. Siendo
un vinilo de altísimas prestaciones (distancia de lance, estabilidad, acción…)
acaba por presentar tres problemas que afectan principalmente a su integridad
estructural. Vayamos con ellos:
-Resistencia plástico: la cola esta dotada de mucha
resistencia a la elongación, pero quiebra habitualmente en la zona dorsal a la
altura del agujero por el que extraemos el anzuelo.
-Integridad cabeza: todos estos vinilos dotados de jig
head suelen basar su acción en una alteración en los movimientos. Suelen
golpear bastante con el fondo, algo que
es una virtud que otorga un natural y provocador estímulo para los instintos de
la lubina. Pero, como contrapartida, se degradan prematuramente. Y la cabeza
del ultra eel se machaca con mucha facilidad en los primeros lances.
-Quizá el punto más delicado: el anzuelo es de curva tipo
aberdeen. Por sí misma, esta opción no aporta demasiada rigidez estructural.
Pero el acero es grueso de calibre y da al conjunto cierta capacidad. Lamentablemente,
el alambre dobla con cierta facilidad. En los frecuentes enroques, esta
deficiencia puede que nos ayude a librar algún señuelo. Pero no es tan buena
noticia, pues el anzuelo se ensancha. No deja de ser un evento que da al traste
con la resistencia primaria. Se hace más blando y, en lo que se refiere a mi
experiencia, no resulta recomendable reutilizarlo. Por lo tanto, me da igual
perderlo que recuperarlo, pues aunque es fácil volverlo a su posición (con el
empleo de unos simples alicates) ya no lo hago, pues no le doy crédito ante la
tracción de un potente robalo. Por ello os encomiendo vigilar este aspecto y no
fiaros. Visto lo cual, pongo en duda la capacidad, a sabiendas que la solución
estaría en montar un buen anzuelo forjado, nada más fácil (ya quisiera que la
opinión de este humilde espacio fuera tenida en cuenta, pero…)
Nota: impresiones
acerca de cabeza 40 gramos,
que es la que utilizo.
Probé la cabeza ultra eel de 50 gramos. Es más compacta y su peso se nota. El anzuelo es mucho más robusto. La pegué a una cola Sand eel 15,5 cm de Savage gear. No puedo sacar conlusiones, pero con mar de fondo aguanta mucho.