Como corolario,
una imagen del pescador, atribulado pero contento al fin y al cabo. Otra
alborada que contempla aquello que nos fascina y desmaya nuestros pensamientos
más vagos, negativos, frustrantes…
Pero antes toca
diana, bien pronto turba la luz. Premura que obliga a “caer” del lecho, a un
rápido entrenamiento estomacal (para lo que en el almuerzo espero sea un cocido
de órdago) y una huída a toda prisa, para llegar el primero, je, je…
Ni así, pues
las lubinas han decidido que el tramo que visito asiduamente, y que sirve en
gran parte para ilustrar las aventuras y sinsabores de este maduro pescador,
debe esperar mejores tiempos.
Y como se da el
caso que hay imperativos que me sugieren dejar la exploración de otros spots
que bien conozco, pues rápidamente doy por terminada esta matutina jornada de
pesca.
Pero para
aquellos que bien podáis, queráis o vuestro juvenil espíritu así os lo pida de
forma irrefrenable versus sangre acelerada y corazón palpitante a cien, hay
soluciones al problema, a saber:
1º Noche, en
playas batidas, cuando comienza el reflujo (actuales cuadraturas) y el que impera como viento
de primer cuadrante, se atenúa.
2º Acceso a
bajíos, con embarcación. Zonas también muy trilladas por la pesca profesional,
pero con la ventaja del movimiento que proporciona el motor.
3º Jugársela en
zonas poco visitadas, de acceso complicado. No es un seguro de pesca, pero en
tramos amplios de costa disponemos de muchas más posibilidades. Un lance aquí,
otra allá…y si “ellas” quieren…
4ºCuestión de emplear horas y horas, con tenacidad, sobre una zona determinada, que cuente con reportes de capturas actuales y positivos.
4ºCuestión de emplear horas y horas, con tenacidad, sobre una zona determinada, que cuente con reportes de capturas actuales y positivos.
Y las que se imaginen, of course...
Elementos
que nos permitirán seguir soñando con ese esquivo robalo en los transitados
escenarios familiares.
Y como Murphy
suele actuar con muy mala leche, ese día, tras un penar por ignotos cantiles,
sin encuentro alguno, suena el móvil. Y ya sabéis que se trata de ese gracioso
colega, con un robalo en las manos y
cara de satisfacción que, ¡caray, ya te toca los…! “Mira qué robalo he pescado
en el Seixo blanco”
¡Jode, a que sí…!
De otra parte
sí pude desprenderme del ardor agonístico de un pescador irredento y dedicar
unos minutos a contar ovejas…digo a contar vueltas de manivela. Todo para
comparar la distancia de lance de la cabeza 40 gramos del Ultraeel
montada con la cola ultraeel con la del
savagegear sand eel de 14,5
cm
Pues pese a las
dudas de inicio,la cola del storm lanza algo más:
Storm: 70-72
Savage gear: 68-69
No es un
“abismo”, pero es que al principio me daba la impresión contraria.
(Stella 5000 SW-A // Shimano Cardiff
330H// PP 8 Slick 0,23mm// Seaguar 0,47mm)
Y como ultimo
aporte a este blog últimamente algo dejado por su máximo –y único- responsable,
un corto vídeo que da protagonismo a la acción del Storm Sea Bass Thunder Minnow
170. No está nada mal la
Hiper T-W&R con un rolling evidente y una X más cerrada
de lo que pensaba. Muy logrado, sin dudas. Si consiguiera 8-10 metros suplementarios, sería de un plumazo el número UNO, pero eso queda lejos, a distancia sideral...
Lo dicho: ganas de escribir...