lunes, 13 de marzo de 2017

La higuera abuela, que nos mecía mientras recogíamos sus frutos; la golondrina, esquivando con prisas de madre abnegada; la viga del granero, centenario soporte de los interminables juegos de infancia; el aroma a maíz seco, en los agostados campos de otoño; el golpeteo del martillo, afilando la hoja de guadaña sobre el yunque; las gallinas, alborotadas ante la ofrenda de grano; el inevitable olor  de invierno, a sangre de puerco de matanza; la música en la plaza de la iglesia, en julio por el "Carmen"; la luna llena reflejada en ese pozo en bajamar, a las barbadas; las manos arrugadas de la abuela, preparando un modesto guiso; las algas, las quisquillas, el sol y el turbón; esa caña de bambú, ese niño curioso; la cúpula de cielo protector...En mi Barcia, mi tierra imaginada, mi historia ya pasada, mi indomable melancolía...

1 comentario:

  1. Exponencialmente a medida que vienen los años tenemos tendencia a que todo tiempo pasado fue mejor, incluso nuestros recuerdos mas añorados los elevamos a una dimension superior, a veces en nuestro imaginario ese recuerdo nos lleva a estados melancolicos y reticentes, segun en que estacion del año nos encontremos y hoy se da ese caso...o no.. quien sabe pero tambien estoy en esa tesitura , quizas sea que ese vagaje o mochila que nos acompaña ....cada cierto tiempo nos recuerda que ya no somos esos niños, aunque en el corazon y en nuestra mente si lo seguiremos siendo. Amigo Carlos ,cuidate de los Idus Martiae

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